miércoles, 6 de octubre de 2021

Hacer política... hacer ciudad

     La filosofía griega en general, y la sofística” en particular, solo pudieron haber surgido en la "polis" (πόλις), por eso los “sofistas” desarrollarán una filosofía de carácter “político” (πολιτικά) en el sentido etimológico del término (“dedicarse a los asuntos propios de la ciudad”, es decir, cooperar con los demás para “hacer ciudad”). Únicamente podemos entender este movimiento si antes entendemos cómo eran las ciudades griegas de aquel tiempo, ya que “polis” en griego no significa simplemente “ciudad”, es también un “Estado”. Una “ciudad-Estado” griega estaba habitada en el siglo V a.n.e. por tres tipos de personas: los “esclavos” (δούλοι), que no eran ciudadanos (de hecho, ni siquiera se los consideraba como “seres humanos”) y por tanto no tenían derechos políticos; los “metecos” (μετέκος), que eran residentes libres extranjeros pero que carecían de derechos (no podían votar, ni heredar, ni tener posesiones a su nombre); y finalmente los “ciudadanos” (πολίτες), residentes libres nacidos en la ciudad (excluidas las mujeres y los menores), que eran los que participaban en el “gobierno democrático” y tenían todos los “derechos de ciudadanía”. En una ciudad como Atenas, de alrededor de 200.000 habitantes, apenas 30.000 varones adultos (quizá menos) eran considerados ciudadanos.

     La forma de gobierno ateniense es la “democracia” (δημοκρατία) pero este régimen político era muy diferente al de los Estados actuales, pues la nuestra es una democracia “representativa”, mientras que aquella era “directa” o “asamblearia”. La sociedad griega se organizaba en “familias” que se agrupaban en “fratias” o “clanes”, y éstas a su vez en “tribus”; solamente si podías inscribirte en tu correspondiente “distrito” o “demo” (δημο) podías hacer “política” (πολιτικός), que es algo más que lo que hoy entendemos con esta palabra, pues no era solo “gobernar o administrar la ciudad” desde un cargo público, sino que era, sobre todo, “participar en las instituciones”, asistir a la “asamblea”, involucrarse en la “administración de justicia” y coger las armas para “defender la patria” llegado el caso. Hasta el siglo V a.n.e. los ciudadanos estaban tan integrados en la ciudad que no tendría sentido para ellos vivir fuera de ella. El filósofo alemán Hegel llego a afirmar que en esta época "se logró la libertad más bella que ha existido", pues la voluntad del individuo se identificaba con la voluntad colectiva. Pero el movimiento propiciado por los sofistas y por Sócrates romperá definitivamente esta identificación y hará que surjan el “individualismo” y la "subjetividad".


     Atenas es sin duda la ciudad idónea para hacer filosofía, y a ella arribarán multitud de jóvenes pensadores. De hecho, muy pocos sofistas eran oriundos atenienses (tan solo Antifonte y Critias), todos los demás eran “extranjeros” en la gran ciudad: Protágoras era de Abdera, Gorgias de Leontinos, Pródico de Ceos, Hipias de Elide, Trasímaco de Calcedonia... El esplendor económico y cultural, las condiciones políticas de libertad e igualdad, desde la “isonomía” (ἰσονομία) o “igualdad ante la ley” hasta la “isegoría” (ισογονία) o “igualdad en el uso público de la palabra”, demandan una filosofía diferente a la de las colonias, tanto por su “temática” como por su “método”. Los sofistas vienen a satisfacer esta nueva demanda de formación, propia de Atenas más que de otras ciudades, centrada no en la especulación sobre la “naturaleza” sino en algo mucho más práctico y urgente: los “asuntos públicos”. Se debe resaltar la importancia que tiene en este nuevo sistema democrático el uso de la “palabra” y del “razonamiento” para la defensa de las propias posiciones e intereses a partir de la “argumentación pública”, y los sofistas declararán abiertamente su capacidad para cubrir estas necesidades, para enseñar las habilidades que se precisan para el triunfo social y político.

     Es ya un tópico considerar este cambio de orientación de los intereses especulativos griegos con el nombre de “giro antropológico”: si con los presocráticos el objeto de investigación era la “physis”, ahora tanto los sofistas como Sócrates van a dirigir su atención a temas de carácter político, ético y lingüístico. No obstante, Heráclito y Demócrito ya se habían ocupado de temas de ética y política, y los poetas, comediógrafos y trágicos habías esbozado algunos de estos problemas humanísticos desde Homero y Hesíodo. Luego efectivamente hay un “giro”, pero nunca un “corte” ni una “discontinuidad” entre un pensamiento y otro. No obstante, ¿cuáles son las causas de este giro? Algunos historiadores sostienen que la filosofía presocrática se había extraviado en multitud de teorías tan dispares y contradictorias que habrían hecho caer a los filósofos en el "escepticismo". Pero es más probable que las causas de todo ello fueran de tipo "material, social y político": el régimen democrático, la liga contra los persas (que favorecería el intercambio de costumbres diferentes), las circunstancias económicas y comerciales, entre otros factores, serían los determinantes de este “cambio de perspectiva”.


     Existe, pues, una distinta preocupación “temática”, pero la diferencia entre unos y otros es sobre todo de “actitud”. Para empezar, presentarse como “philósophos” (φιλόσοφος) es mucho más humilde, por cuanto estos son los que “tienden al saber”, mientras que los “sophistés” (σοφιστές) no parecen buscar el conocimiento, parecen “haberlo encontrado ya”, y lo muestran como algo tan útil, tan eficaz y tan necesario que lo venden muy caro a aquellos que lo puedan pagar. Los sofistas son esencialmente "maestros", que se van a oponer a la tradicional forma de criar e instruir a los niños que los griegos denominan “paideia” (παιδεία): una “formación integral del individuo”, próxima a lo que nosotros entenderíamos por educación general y que incluiría la gimnasia, la gramática, la retórica, la poesía, la música y las matemáticas. Los sofistas tratarán de enseñar una “educación verdadera” en un sentido más amplio, en tanto que “educación superior”. Se declaran sobre todo como “maestro de arethé” (ἀρετή), maestros de “virtud” (entendida como “excelencia”), enseñanza que acometen a partir de la diferenciación entre la “physis” (Φύσις) o “ley natural” y el “nomos” (νόμος) o “norma social, moral y política”, que no es natural sino “convencional” y que les llevará a actitudes marcadamente “relativistas”, cuando no abiertamente “escépticas”.

     Para un acercamiento más divertido a la filosofía de los sofistas, he seleccionado una interesante y divertida secuencia de la serie de televisión “Merlí” (Nova Veranda 2015) creada por el escritor y guionista Hector Lozano, donde el excéntrico profesor de filosofía Merlí Bergeron (Frances Orella) les explica a sus alumnos quiénes eran los sofistas. Y para un acercamiento también divertido a la Atenas democrática no está de más echar un vistazo al capítulo “El siglo de Pericles”, sexto episodio de la simpática “Érase una vez... el Hombre” (Profidis 1978), conocida serie de animación francesa creada para la televisión por Albert Barillé, en la cual podemos ver desfilar por la pantalla a un buen número de “personajes célebres” de la época, desde el mismísimo Pericles, padre de la democracia, a Protágoras y Gorgias o Sócrates, además de Fidias, Mirón, Sófocles, Aristófanes y Heródoto, que nos permitirán hacernos una idea más clara del modo de vida griego de aquel entonces, y del increíble momento de ebullición que vivía la ciudad en el siglo V a.n.e. 

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