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viernes, 15 de noviembre de 2024

Las mujeres se atreven a saber

     Tradicionalmente se ha considerado a la filosofía como una disciplina académica propia de “varones blancos” que ningunea otros “géneros y razas”, cuando en realidad en el seno de esta disciplina no cabe tal premisa. Las mujeres has sido objetivamente apartadas del acceso al conocimiento en muchos momentos del pasado (y muchos varones también, por cierto, ya que históricamente no basta con hablar de un sometimiento “de género”, sino “de clase”), por lo que muchas mujeres (filósofas, científicas, artistas, literatas o moralistas), han sido ninguneadas o directamente han pasado al olvido. Olimpe de Gouges (1748 a 1793) nos alecciona en su texto primigenio: “Hombre, ¿eres capaz de ser justo?”. Escusando el hecho de ser varón, aquí van una serie de acotaciones para una breve contribución al intento de restituir a la mujer en su lugar en el mundo del pensamiento occidental. Evidentemente, hacer una compilación exhaustiva de todas las mujeres que han "dado voz" a la filosofía occidental es una labor desproporcionada para los propósitos de este artículo, y debemos pedir perdón por ello: aunque "no están todas las que son", al menos si "son todas las que están".

     Cabe considerar a Eumetis, pseudónimo de Cleobulina de Rodas (fl. 550 a.n.e.), hija de Cleóbulo de Lindos (uno de los "Siete Sabios de Grecia"), como nuestra primera filósofa: su padre abogaba por la igualdad en el acceso a la educación de las mujeres, cosa poco común en la época, por lo que educó a su hija, que se hizo una experta en escribir acertijos y enigmas lógicos. Las mujeres emergen definitivamente con la escuela pitagórica (Teano, Perictione, Melissa… y hasta 250 más), y más adelante en el helenismo, con las cínicas (Hiparquia), estoicas (Menexema, Teognis, Pantaclea…) y epicúreas (Temista, Nicidio, Fedrión… y un sinfín de filósofas más). La figura clásica por excelencia es Aspasia de Mileto (470 a 400 a.n.e.), maestra de retórica que inspiró a Sócrates y Platón en sus posicionamientos éticos. Por desgracia, al margen de algunos datos biográficos, no conservamos una sola línea, fragmento, sentencia o aforismo sobre sus pensamientos, sobre sus ideas… y si no hay ideas, no hay filosofía. Restituir su legado filosófico a principios del siglo XXI resulta una labor inane… es este el “olvido de la mujer” del que hablábamos antes.

     La llegada del Imperio romano supone la debacle de la condición femenina, en parte debido al servilismo de Roma al nuevo "catecismo cristiano" (una minuciosa estrategia política por parte del Emperador Constantino el Grande), que ningunea a la mujer hasta extremos catastróficos. Con la excepción de Hipatia de Alejandría (355 a 415), maestra de matemáticas y astronomía de tendencia platónica en el famoso Museo egipcio, el panorama es desolador (como lo es para la ciencia y la filosofía en general, en este periodo brumoso que antecede al oscuro medievo). La quiebra del Imperio, que da paso al "feudalismo", limita el acceso al conocimiento a unos pocos privilegiados, ya sean varones o mujeres: los "textos clásicos" se conservan en recónditas bibliotecas de monasterios inalcanzables, y solo unas pocas personas pueden acceder a ellos como "escribientes", "traductores", "enseñantes" o "bibliotecarios". Entre las mujeres, destacará la abadesa begina Hildegarda de Bingen (1098 a 1179) experta en astronomía, botánica y medicina y famosa por sus “libros proféticos” de tono místico; y Christine de Pizan (1364 a 1431), notable escritora que con su obra “La ciudad de las damas” inicia el debate conocido como “querella de las mujeres”.


     Con la llegada de la modernidad las mujeres se acercan a las artes y a las ciencias: Cristina de Lorena, Teresa de Jesús o Marie de Gournay se posicionarán en favor de la "nueva ciencia" y de la "reforma religiosa". Isabel de Bohemia y Margatet Cavendish se codean con los grandes del siglo (Descartes, Hobbes, Leibniz, Harvey…) y Marry Astell defiende la “alfabetización universal de las mujeres”. La llegada de la Ilustración será un hito revolucionario: autores como Condorcet o Helvetius asumen el problema de la “querella de las mujeres” y se posicionan abiertamente en defensa de los derechos de las mujeres, y sus respectivas esposas (Marie-Louise-Sophie y Anne-Catherine, junto a muchas otras) crean los famosos “salones literarios”. Las “salonniéres” reúnen en los suntuosos salones de sus hogares a científicos, literatos, filósofos y moralistas en “animadas tertulias” que permiten a algunas mujeres (pocas en realidad) el acceso al conocimiento. Emilie du Chatêlet (1706 a 1749) traduce al francés a Newton y publica su monumental “Gramática razonada”. Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft (1757 a 1797) darán por fin el pistoletazo de salida a la “primera ola feminista” con dos textos determinantes del periodo: “Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana” y “Vindicación de los derechos de la mujer”.

     El siglo XIX se abre a nuevas posibilidades: Madame de Steäl divulga desde posiciones románticas el “derecho de todas a la felicidad”; Judith Murray publica incesantemente en los periódicos; Frances Wrigth se posiciona en favor de la clase trabajadora; Harriet Taylor denuncia el “sometimiento de las mujeres”; las activistas americanas Elizabeth Candy Stanton, Susan Browner Anthony y Harriet Tubman defienden el abolicionismo, el “sufragio universal” y los derechos de los afroamericanos; Flora Tristán y Eleanor Marx radicalizan su discurso desde posiciones marxistas. Numerosas mujeres irrumpen en el mundo de la cultura: Ada Byron en el ámbito de las matemáticas, Lou-Andreas Salome desde la psiquiatría, Maria Montessori en pedagogía, Rosa Luxemburgo desde posicionamientos políticos. El arranque del siglo XX diversifica las aportaciones, desde premisas liberales (Eleanor Roosevelt o Ayn Rand) hasta principios místicos (Edith Stein y Simone Weilt). En el periodo de entreguerras destacan Hannah Arendt (1906 a 1975) y Simone de Beauvoir (1908 a 1986), la primera apegada a la "fenomenología" y la segunda fiel al "existencialismo", que abren un campo de estudio en el ámbito de la filosofía política de enorme fuerza intelectual.

    El panorama actual, deudor de la segunda mitad del siglo pasado, debe incluir a figuras relevantes como Carole Patemam, Julia Kristeva, Susan HaackMartha Nussbaum y Ruth Hagengruber en el ámbito de la "investigación académica"; y Susan Sontag, Angela Davis, Nancy Fraser, Alicia Puleo o Judith Buttler en la "reivindicación política" (aunque todas ellas dominan la "dialéctica teoría-praxis" en sus escritos). Entre nosotros (nosotras) a las primeras propuestas de pioneras como Emilia Pardo Bazán o Concepción Arenal Ponte a finales del siglo XIX se siguen aportaciones de mujeres como Clara Campoamor, Federica Montseny, Dolores Ibárruri. Más recientes en la memoria estarían las figuras de María Zambrano (1904 a 1991) o Adela Cortina (1947-), además de ilustres referentes de la filosofía patria, ligadas en mayor o menor medida al feminismo, como Lidia Falcón (1935-), Victoria Camps (1941-), Celia Amorós (1944-) y Amelia Valcárcel (1950-). El panorama abierto por el siglo XXI reaviva un viejo debate que dibuja una línea de separación entre el clásico “feminismo de la igualdad” de corte marxista y el controvertido “feminismo de la diferencia” de tono postmoderno que parece tener una problemática solución a corto plazo.

jueves, 31 de octubre de 2024

Un breve repaso a la historia de la filosofía


     La filosofía surge en Grecia en el momento en que las “moiras” son desplazadas por la “physis” como elemento rector de la vida del mundo griego, y las decisiones caprichosas de los dioses son sustituidas por un “orden necesario” inherente a la naturaleza y reconocible por una serie de "causas" que ya no serán sobrenaturales sino plenamente materiales. Específicas condiciones de “producción y distribución económica”, unidas a la organización socio-cultural de la sociedad griega del siglo –VI a –IV, definen este proceso. Se desarrollan novedosas técnicas e incipientes construcciones científicas y surge un nuevo modelo de organización política, la “polis democrática”; el importantísimo desarrollo comercial, que obliga a un contacto con culturas disímiles, provocará el "cuestionamiento de las viejas tradiciones" y ofrecerá la ocasión para dedicar "tiempo para la reflexión" a aquellos sectores sociales liberados del trabajo que disfrutan del "ocio".

     Los primeros pensadores griegos serán los “físicos presocráticos”, grupo heterogéneo de filósofos (Tales, Pitágoras, Heráclito y Parménides, entre muchos otros) que buscarán dar una explicación racional del origen y estructura de la “naturaleza” (physis) y del “universo” (kósmos), apelando a un "primer principio" (arkhé), ya sea único o múltiple, constitutivo de todas las cosas. A partir del siglo –V la filosofía se asienta en Atenas, la polis dominante del momento, gracias sobre todo a Sócrates y su conocido "método dialéctico" que precede en el tiempo a las tres grandes sistematizaciones del mundo antiguo: el “materialismo” de Demócrito (que introduce una primera “teoría atomista de la naturaleza” de corte mecanicista), el “idealismo” de Platón (que divide la realidad en dos ámbitos ontológicos y epistemológicos diferenciados que permiten un ascenso en el conocimiento denominado “dialéctica”) y el “empirismo” de Aristóteles (que introduce una novedosa perspectiva "metafísica" para poder explicar con solvencia el problema del movimiento físico).

     El mundo antiguo se cierra con el desarrollo y expansión del “helenismo” primero (el “Jardín” de Epicuro, la “Estoa” de Zenón y el “Museo” de Alejandría) y de la "romanización" promovida por el Imperio romano después (que verá surgir una nueva forma de culto llamada “religión cristiana”, dominante gracias a los llamados “padres de la iglesia”: Justino, Tertuliano, Orígenes, Agustín, Boecio…). La filosofía se convierte en “sirvienta de la teología”, inaugurando así el pensamiento medieval. Se desarrolla entonces la “escolástica” gracias a autores platónicos como Anselmo y Pedro Abelardo, y aristotélicos como Averroes y Tomás Aquino, que discuten ampliamente sobre las “relaciones entre la razón y la fe”, el “problema de los universales” y la “demostración de la existencia de Dios”. Este periodo histórico concluye con una revisión crítica de corte empirista focalizada en las Islas británicas, encabezado por Roger BaconDuns Scoto y Guillermo de Ockham.

     La filosofía moderna, surgida en el "renacimiento" y deudora de las distintas "revoluciones intelectuales" del momento (geográficas, políticas, religiosas, científicas) adquiere un marcado interés "gnoseológico", centrado en determinar las posibilidades y los límites del conocimiento humano. Destacan dos corrientes: el "racionalismo", de arraigo continental y dominante durante el siglo XVII, y el "empirismo", asentado en las Islas británicas y preponderante en el siglo XVIII. El racionalista René Descartes se centra en la subjetividad del “Yo” como evidencia primera (el famosísimo "Cogito, ergo sum") y busca los principios intuitivos desde los que el sujeto puede ejercitar la razón "more geometrico". Los empiristas británicos John Locke y David Hume afirman que los seres humanos sólo podemos conocer por “experiencia”. Las ideas éticas y políticas de corte liberal de estos autores abrirán el camino de la reflexión ilustrada (Voltaire, Montesquieu, Rousseau) en la que destaca poderosamente Immanuel Kant, que buscará una síntesis entre las corrientes anteriores conocida como “criticismo” o “idealismo trascendental”, en el que se afirma que la realidad es una “construcción del sujeto”.

     La demoledora crítica kantiana supone la ruptura definitiva entre la “ciencia” y la “filosofía”, y abre el siglo XIX a una gran variedad de corrientes y tendencias que comparten un "carácter crítico" y una actitud de denuncia de la época moderna, desde el “idealismo” de Georg Hegel, pasando por la propuesta “positivista” de Auguste Comte, al “utilitarismo” de John Stuart Mill. Avanzado el siglo nos encontramos con los conocidos como “maestros de la sospecha”: Karl Marx y su demoledora "crítica al capitalismo" desde posiciones materialistas y dialécticas; Friedrich Nietzsche y su arrebatada defensa del jovial sentir “dionisíaco” frente al frio racionalismo “apolíneo”; y Sigmund Freud y su afirmación de la existencia del “inconsciente”, determinante último de la conducta humana, al margen de la “conciencia” cartesiana. El camino a una nueva forma de hacer filosofía, centrada sobre todo en el estudio de la ética y la política, se dibuja en el horizonte.

     El siglo XX es el momento de eclosión de numerosas e importantes propuestas: la “fenomenología” se postula como un método descriptivo ideado por Edmund Husserl para alcanzar el conocimiento de los "fenómenos" tal y como los experimenta la conciencia; el “existencialismo” se replantea la cuestión del “ser” gracias a autores como Martin Heidegger y Jean-Paul Sartre; la “hermenéutica” se disciplina en la “interpretación textual” con autores como Hans-Georg Gadamer o Paul Ricoeur; entre nosotros, estas corrientes europeas serán recogidas por José Ortega y Gasset con su conocido “raciovitalismo”. Más adelante, la “filosofía analítica” británica (Russell y Wittgenstein) trabaja desde la "lógica formal", la “Escuela de Fráncfort” (Horkheimer y Adorno) desarrolla la “teoría crítica”, el “estructuralismo” allana el camino a las ciencias sociales (Levi-Strauss y Foucault). Todas ellas proponen un “giro lingüístico” perceptible en la “posmodernidad” de Lyotard o Althusser, que dejarán el camino expedito a las nuevas tendencias del siglo XXI.

lunes, 28 de octubre de 2024

Las disciplinas filosóficas


     La filosofía no es solo una “forma de saber”, también es una “actividad práctica”, lo que significa que no solo nos ayuda a comprender el mundo, sino que además nos orienta en nuestras acciones y nos permite tomar decisiones. Filósofos como Aristóteles (384 a 322 a.n.e.) o Immanuel Kant (1724 a 1804) nos advierten de que existen dos posibles usos de nuestra “racionalidad”: uno “teórico” o “contemplativo”, encaminado al conocimiento de la realidad, que intenta comprender, explicar y desentrañar en qué consiste el mundo, ordenar nuestro pensamiento para poder discriminar la verdad de la falsedad y alcanzar la verdad; y otro “práctico” o “regulativo”, que orienta nuestra acción, se impone a nuestras pasiones y nos permite decidir con lógica entre lo que está bien y lo que está mal para así poder alcanzar un ideal moral que nos permita ser felices.

     Aunque la filosofía es un saber “totalizador”, pues busca comprender y actuar en la realidad de una forma global, son muchos los filósofos que han dividido esta disciplina en diferentes “campos de estudio” (si bien todos ellos son, en la mayoría de autores, deudores los unos de los otros). Es un tópico generalizado el discriminar entre un ámbito teórico y un ámbito práctico. La filosofía teórica incluiría disciplinas como la “lógica” (el estudio de las reglas del pensamiento y la argumentación correcta), la “metafísica” (el estudio del sentido último de la realidad), que se dividiría en tres grandes apartados: “ontología” (el estudio del ser), “gnoseología” (el estudio del conocimiento humano, y que incluiría la “epistemología” o estudio del conocimiento científico) y “teología” (el estudio del ser superior) y la “antropología” (el estudio del ser humano desde una perspectiva filosófica). Entre las disciplinas teóricas también podemos incluir las llamadas “filosofías de” (por el uso del genitivo en su formulación), centradas en un saber categorial específico, entre las que destacamos la “filosofía de la naturaleza” (el estudio del universo físico y del cosmos) la “filosofía del lenguaje” (el estudio del lenguaje y sus elementos integrantes) o la “filosofía de la historia” (el estudio del sentido al que tienden los hechos históricos).

     La filosofía práctica, por su parte, incluiría disciplinas como la “filosofía moral” o “ética” (el estudio de la conducta moral y de la reflexión sobre los valores), la “filosofía del arte” o “estética” (el estudio de las obras de arte y de la idea de belleza) y la “filosofía civil” o “política” (el estudio de la acción política y de las relaciones humanas), además y una nueva serie de “filosofías de” como serían la “filosofía del derecho” (el estudio del fundamento del hecho jurídico), la “filosofía de la economía” (el estudio de las formas de intercambio de bienes y servicios) o la “filosofía de la religión” (el estudio del fundamento de las formas de religiosidad). Mención aparte merecería la “historia de la filosofía”, disciplina que se ocupa del estudio del desarrollo histórico de las ideas desde un punto de vista "diacrónico" y no meramente "sincrónico", y que se centra en el análisis de las propuestas ofrecidas por las distintas escuelas, corrientes, tendencias y autores del pensamiento filosófico.

lunes, 30 de septiembre de 2024

La filosofía frente a los demás saberes


     Este es un primer artículo para mis alumnos de Filosofía de 4º de ESO, en el que trato de poneros al tanto de la nueva materia, a la que os enfrentáis por primera vez, con una serie de vídeos útiles que espero os ayuden a dar comienzo a vuestro trabajo. Comenzamos con una pequeña reflexión del filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770 a 1831), que en el prólogo a su conocida obra “Principios de la filosofía del derecho” nos introduce el famoso mito de la “lechuza de Minerva” (teclead el enlace previo para conocer a fondo esta historia), pintoresco animal nocturno que acompaña siempre a Atenea, diosa griega de la sabiduría conocida entre los romanos por el nombre de Minerva, y que ha pasado a convertirse en “símbolo de la filosofía”:

     “Es insensato creer que alguna filosofía se puede anticipar al mundo presente. Cuando dice una palabra sobre la teoría que explica cómo ha de ser el mundo, la filosofía siempre llega demasiado tarde: como pensar sobre el mundo, surge en el tiempo, después de que la realidad ha cumplido su proceso de formación y se halla realizada. Cuando la filosofía pinta al claroscuro un aspecto de la vida, ya envejecido y en la penumbra, no puede ser rejuvenecido, sino tan solo reconocido: la lechuza de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo”.

G.W.F.Hegel, “Principios de la filosofía del derecho” (Barcelona, Edhasa, 1999)

     La filosofía se plantea desde su origen como un “saber de segundo grado” que precisa de los “saberes de primer grado” para poder configurarse, ya que su objetivo básico es “criticar” todos estos saberes previos por considerarlos imprecisos, inadecuados o insuficientemente fundamentados. Ya se trate de “falsos saberes” (como los “mitos”, la “magia” o la “religión”) o de “verdaderos saberes” (como las “técnicas”, las “ciencias” y las “tecnologías”), la labor de la filosofía es siempre la misma: enfrentarse a ellos directamente para descubrir sus errores, sus fallos de argumentación o sus falacias. La filosofía es siempre polémica, un saber enfrentado a otros posibles saberes que trata de ir más allá de lo que estos proponen para comprender la realidad en su totalidad.

     Nosotros nos adentramos ahora en la “Academia” para practicar la filosofía de modo profesional, para desarrollar una verdadera “filosofía académica” alejada del saber de sentido común y del conocimiento que nos proporciona la vida cotidiana, que llamamos “filosofía mundana” y que, aunque está presente en la vida diaria de todas las personas que nos rodean, resulta insuficiente para comprender algunas de las ideas básicas que nos planteamos acerca del universo. Solo desde esta perspectiva profesional podremos tratar de encontrarle sentido a la “realidad” que nos rodea y a la posición del ser humano dentro de esta realidad compleja y maravillosa que llamamos “mundo”. Y para ello, como nos dijo Aristóteles (384 a 322 a.n.e.) solo tenemos que extrañarnos y admirarnos, y reconocer que somos unos ignorantes, o al menos que no “sabemos” tanto como “creemos que sabemos”, pues este será el primer paso para comenzar a comprender.