Algunos de los vídeos seleccionados a continuación, si bien recrean hechos ficticios sobre la conducta de algunos asesinos en serie imaginados por los guionistas, contienen secuencias que pueden resultar muy duras para el espectador por su marcado carácter violento.
El nombre propio Aristóteles (384 a 322 a.n.e.) se compone de los términos griegos “aristos” (αρίστος), excelente, y “telos” (τέλος), finalidad, y efectivamente nuestro autor heredará de Platón el concepto de “teleologismo”, criticando abiertamente las tesis de Demócrito por ignorar la “causa final” y reducir el cosmos a un mero azar. Para Aristóteles, todos los procesos “tienden a un fin”, pues están constituidos del mejor modo posible: la naturaleza “busca lo que es útil”, “desea un resultado determinado”, “ejerce su trabajo con sensatez”, “no hace nada de forma fortuita”… son todas ellas expresiones aristotélicas. La naturaleza está ordenada toda ella con vistas a alcanzar un “objetivo”, y lo mismo ocurre con el mundo de los artificios humanos. Tanto en la naturaleza como en el arte humano todo se hace “para algo”, persigue una finalidad. De hecho, la “causa final” es preeminente y lógicamente anterior a los aspectos eficientes, materiales y formales. Existe un paralelismo entre las operaciones del arte humano y los procesos naturales: antes de construir la casa, el constructor ha de tener el modelo en la mente, pues “los productos del arte son cosas cuya forma está en la mente de quien los fabrica”.
Este teleologismo es de tipo local: no es que los seres estén sometidos al fin global del cosmos, sino que cada especie se ordena con referencia al bien de su propia "forma" (εἶδος) o “morphé” (μορφή). En un artículo anterior dejábamos a nuestro aristotélico Dr. Hannibal Lecter teorizando sobre el conocimiento en la película “El silencio de los corderos” (MGM 1990) de Jonathan Demme: en su último encuentro con Clarice Starling, el buen doctor insistía a la agente del FBI que la única manera de encontrar al asesino en serie Buffalo Bill consistía en descifrar “su naturaleza”, en comprender qué es y porqué hace lo que hace: “De casa cosa, pregúntese qué es en si misma, cual es su naturaleza”. Al encontrar una polilla en la garganta de una de las víctimas, Lecter presupone que el asesino “quiere cambiar”, pues la mariposa es símbolo de la transformación: “de oruga a crisálida, o pupa… y de ahí a la belleza”. La naturaleza de Búfalo Bill consiste precisamente en querer cambiar, en convertirse en mujer, en alcanzar la realización propia, la belleza… y por ello mata a mujeres, porque “codicia” su piel, y la roba para confeccionarse con ella un vestido hecho de piel humana.
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