jueves, 7 de octubre de 2021

Alejandro recibe lecciones sofísticas

 

     Aunque la película "Alejandro Magno" (Tripictures 2005) de Oliver Stone se centra en la vida y conquistas del rey macedonio, el arranque del film puede sernos útil para ejemplificar el modo de vida ateniense en el siglo V a.n.e. (recordemos que tanto Alejandro como su maestro Aristóteles viven en el siglo IV). Podemos ver la confrontación entre dos “modos de pensar” muy habituales en esta época: de un lado, las “charlas informales” que el joven Alejandro mantiene con su padre, el rey Filipo II de Macedonia; del otro, las “clases regladas” en las que participa, acompañado por los hijos de la nobleza local, a cargo del filósofo Aristóteles.

     En una escena verdaderamente siniestra, Filipo invita a su hijo a visitar una gruta, en cuyas paredes se recrean “acontecimientos míticos” con Prometéo, Heracles y Aquiles como protagonistas. El rey alecciona a su hijo sobre “el valor y la virtud” desde una perspectiva tradicional, "bárbara" (los macedonios no eran considerados griegos: aunque tendían a imitarlos, su cultura era mucho más arcaica) pero también sobre política, con importantes consejos sobre el “ejercicio del gobierno” (insiste en el pasado de su hijo: recordemos que los sofistas eran, entre otras cosas, "logógrafos" (λογογράφος) y que algunas de sus clases se centraban en repasar el "árbol genealógico" del alumno, su "linaje"). Aristóteles se comporta, sin embargo, y a pesar de la diferencia temporal (espero que se me permita el anacronismo) como un verdadero “sophistés” (σοφιστές): comienza la escena con una lección de “geografía” (muy propia de los profesionales de la educación de la época) para avanzar poco a poco hacia el estudio de la “virtud” (en este caso, la reflexión sobre el amor).


     Las palabras del Filósofo son significativas: Aristóteles desacredita a Filipo y a toda la tradición que representa, “niega los mitos” y “ensalza la razón”, y su uso en la búsqueda de la “virtud”. Hay también un ligero toque de Sócrates en el uso de la palabra: la lección de geografía es un “monólogo” del maestro, pero sobre virtud es mejor razonar a través de “preguntas y respuestas”, esto es, mediante el “diálogo”. Recordar que estas diferencias entre el pensamiento de los sofistas y el de Sócrates son muy significativas: la "arethé" (ἀρετή), “excelencia”, era para los sofistas un "don" propio de los nobles (los "aristós", los mejores en virtud y sabiduría) mientras que para Sócrates era una cualidad propia de “todo ser humano”, con independencia de su nacimiento o condición (incluso de su "género": recordemos que Platón proponía que debía educarse por igual a “hombres y mujeres”, ya que ambos podían ser “igualmente virtuosos”, una forma de pensar no muy extendida por aquel entonces).

     Aristóteles enseña no sólo a Alejandro, sino también al resto de hijos de los nobles macedonios, los "aristós" (los que luego serán sus generales en el campo de batalla, entre ellos Ptolomeo I Sóter, que se asentará en Alejandría y fundará el famoso Museo, y que en nuestra película es quien lleva la narración). Quizá por eso se comporta más como un “sofista”, un “educador de virtud”. Pero lo que debe llamarnos verdaderamente la atención es el uso que Alejandro hace de las enseñanzas de su maestro, que se revelan de forma clara en la siguiente escena de la película, la "doma de Bucéfalo", cuando el niño aparta de sí los pensamientos míticos ("es el dios Apolo") en favor de la razón ("es sólo un truco"). Una notable manera de aplicar la metodología filosófica al ámbito de la vida cotidiana, y ganarse así la confianza de los demás, que tanta falta le hará al joven príncipe en su futuro político.

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