Os sugiero un acercamiento a la ética emotivista desarrollada por el empirista escocés David Hume (1711 a 1776) de la mano de la divertidísima “Amélie” (UGC, Francia, 2001) de Jean-Pierre Jeunet. Podéis comenzar con el arranque de la película (disponible en este enlace), y continuad con el vídeo que inicia el artículo, en el que se muestran los “gustos” de la protagonista, la joven Amelie Poulard (Audrey Tautou) o comprobad cómo se divierte en esta escena cambiándole las cosas de sitio a su vecino (en este enlace), un frutero que no trata muy bien a la gente y que genera recelo entre sus conciudadanos por su fuerte y áspero carácter. Al provocar en este hombre un “sentimiento de confusión”, trata de dulcificar un poco su conducta, obligándole a contemplar la vida desde una perspectiva más “emocional”. Lo mismo hace con su padre, un tipo totalmente entregado a la monotonía de la vida, al robarle su preciado “gnomo de jardín” y hacerle viajar por medio mundo: al torturar al padre con postales de los sitios más hermosos (que el gnomo parece visitar por su propio pie), genera en él un sentimiento de aventura, un "interés por el mundo" y una "alegría de vivir" que parecían olvidados.
Toda "norma moral" y todo “juicio moral” debería basarse, según Hume, en el “sentimiento de aprobación” que provocan las acciones sinceras y en el “sentimiento de rechazo” que generan las acciones engañosas. Para los filósofos emotivistas, la moral no pertenece al ámbito de lo racional, no puede ser objeto de "discusión o argumentación": la función que poseen los juicios y las normas morales es “influir en los sentimientos y en la conducta de los demás”. Desde una perspectiva racional, diríamos que las acciones de Amelie son malas, puesto que es cierto que fuerza a su vecino y padre a un sufrimiento aparentemente innecesario. Pero estas pequeñas travesuras tienes el interés de suscitar en ellos un cierto “apasionamiento” por la vida que parece faltarles a ambos, y que Amelie quiere compartir con ellos, al considerarlo bueno: comportarse educadamente con los demás y ser más "transigente y respetuoso" con los defectos ajenos, así como afrontar la vida con entusiasmo y volver a gozar del placer que supone la existencia. Todo esto son “sentimientos” que consideramos “agradables”, y por ello mismo “moralmente buenos”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario