La filosofía surge en Grecia en el momento en que las “moiras” son desplazadas por la “physis” como elemento rector de la vida del mundo griego, y las decisiones caprichosas de los dioses son sustituidas por un “orden necesario” inherente a la naturaleza y reconocible por una serie de "causas" que ya no serán sobrenaturales sino plenamente materiales. Específicas condiciones de “producción y distribución económica”, unidas a la organización socio-cultural de la sociedad griega del siglo –VI a –IV, definen este proceso. Se desarrollan novedosas técnicas e incipientes construcciones científicas y surge un nuevo modelo de organización política, la “polis democrática”; el importantísimo desarrollo comercial, que obliga a un contacto con culturas disímiles, provocará el "cuestionamiento de las viejas tradiciones" y ofrecerá la ocasión para dedicar "tiempo para la reflexión" a aquellos sectores sociales liberados del trabajo que disfrutan del "ocio".
Los primeros pensadores griegos serán los “físicos presocráticos”, grupo heterogéneo de filósofos (Tales, Pitágoras, Heráclito y Parménides, entre muchos otros) que buscarán dar una explicación racional del origen y estructura de la “naturaleza” (physis) y del “universo” (kósmos), apelando a un "primer principio" (arkhé), ya sea único o múltiple, constitutivo de todas las cosas. A partir del siglo –V la filosofía se asienta en Atenas, la polis dominante del momento, gracias sobre todo a Sócrates y su conocido "método dialéctico" que precede en el tiempo a las tres grandes sistematizaciones del mundo antiguo: el “materialismo” de Demócrito (que introduce una primera “teoría atomista de la naturaleza” de corte mecanicista), el “idealismo” de Platón (que divide la realidad en dos ámbitos ontológicos y epistemológicos diferenciados que permiten un ascenso en el conocimiento denominado “dialéctica”) y el “empirismo” de Aristóteles (que introduce una novedosa perspectiva "metafísica" para poder explicar con solvencia el problema del movimiento físico).
El mundo antiguo se cierra con el desarrollo y expansión del “helenismo” primero (el “Jardín” de Epicuro, la “Estoa” de Zenón y el “Museo” de Alejandría) y de la "romanización" promovida por el Imperio romano después (que verá surgir una nueva forma de culto llamada “religión cristiana”, dominante gracias a los llamados “padres de la iglesia”: Justino, Tertuliano, Orígenes, Agustín, Boecio…). La filosofía se convierte en “sirvienta de la teología”, inaugurando así el pensamiento medieval. Se desarrolla entonces la “escolástica” gracias a autores platónicos como Anselmo y Pedro Abelardo, y aristotélicos como Averroes y Tomás Aquino, que discuten ampliamente sobre las “relaciones entre la razón y la fe”, el “problema de los universales” y la “demostración de la existencia de Dios”. Este periodo histórico concluye con una revisión crítica de corte empirista focalizada en las Islas británicas, encabezado por Roger Bacon, Duns Scoto y Guillermo de Ockham.
La filosofía moderna, surgida en el "renacimiento" y deudora de las distintas "revoluciones intelectuales" del momento (geográficas, políticas, religiosas, científicas) adquiere un marcado interés "gnoseológico", centrado en determinar las posibilidades y los límites del conocimiento humano. Destacan dos corrientes: el "racionalismo", de arraigo continental y dominante durante el siglo XVII, y el "empirismo", asentado en las Islas británicas y preponderante en el siglo XVIII. El racionalista René Descartes se centra en la subjetividad del “Yo” como evidencia primera (el famosísimo "Cogito, ergo sum") y busca los principios intuitivos desde los que el sujeto puede ejercitar la razón "more geometrico". Los empiristas británicos John Locke y David Hume afirman que los seres humanos sólo podemos conocer por “experiencia”. Las ideas éticas y políticas de corte liberal de estos autores abrirán el camino de la reflexión ilustrada (Voltaire, Montesquieu, Rousseau) en la que destaca poderosamente Immanuel Kant, que buscará una síntesis entre las corrientes anteriores conocida como “criticismo” o “idealismo trascendental”, en el que se afirma que la realidad es una “construcción del sujeto”.
La demoledora crítica kantiana supone la ruptura definitiva entre la “ciencia” y la “filosofía”, y abre el siglo XIX a una gran variedad de corrientes y tendencias que comparten un "carácter crítico" y una actitud de denuncia de la época moderna, desde el “idealismo” de Georg Hegel, pasando por la propuesta “positivista” de Auguste Comte, al “utilitarismo” de John Stuart Mill. Avanzado el siglo nos encontramos con los conocidos como “maestros de la sospecha”: Karl Marx y su demoledora "crítica al capitalismo" desde posiciones materialistas y dialécticas; Friedrich Nietzsche y su arrebatada defensa del jovial sentir “dionisíaco” frente al frio racionalismo “apolíneo”; y Sigmund Freud y su afirmación de la existencia del “inconsciente”, determinante último de la conducta humana, al margen de la “conciencia” cartesiana. El camino a una nueva forma de hacer filosofía, centrada sobre todo en el estudio de la ética y la política, se dibuja en el horizonte.
El siglo XX es el momento de eclosión de numerosas e importantes propuestas: la “fenomenología” se postula como un método descriptivo ideado por Edmund Husserl para alcanzar el conocimiento de los "fenómenos" tal y como los experimenta la conciencia; el “existencialismo” se replantea la cuestión del “ser” gracias a autores como Martin Heidegger y Jean-Paul Sartre; la “hermenéutica” se disciplina en la “interpretación textual” con autores como Hans-Georg Gadamer o Paul Ricoeur; entre nosotros, estas corrientes europeas serán recogidas por José Ortega y Gasset con su conocido “raciovitalismo”. Más adelante, la “filosofía analítica” británica (Russell y Wittgenstein) trabaja desde la "lógica formal", la “Escuela de Fráncfort” (Horkheimer y Adorno) desarrolla la “teoría crítica”, el “estructuralismo” allana el camino a las ciencias sociales (Levi-Strauss y Foucault). Todas ellas proponen un “giro lingüístico” perceptible en la “posmodernidad” de Lyotard o Althusser, que dejarán el camino expedito a las nuevas tendencias del siglo XXI.