viernes, 20 de octubre de 2023

Bart Simpson se multiplica por cero

     “Bart podría representar la precariedad de nuestra posición en un mundo postnietzscheano. Según Nietzsche debemos ir “más allá del bien y del mal” y dejar atrás todo consuelo metafísico: Dios, el cielo, el alma, el orden moral del mundo, y así sucesivamente. Pero, al abandonar ese otro mundo, el más allá, corremos mayor peligro de deslizarnos hacia el nihilismo: “La más extrema forma de nihilismo sería la creencia en que toda fe, todo tener por verdad algo, es necesariamente falso: porque un verdadero mundo no existe”. Nietzsche prosigue: “Lo único que se ha destruido ha sido la interpretación; pero como pasaba por la única interpretación, podría parecer que la existencia no tenía ningún sentido y que todo era “vano”. En otras palabras, una vez que abandonamos toda noción de un más allá eterno y perfecto y nos quedamos únicamente con el flujo caótico que es el mundo, corremos el peligro de caer en un nihilismo de acuerdo con el que todo vale, una zona franca intelectual y moral.

     […] La línea que separa la posibilidad de seguir actuando, criticando y derribando antiguos ídolos en el intento de forjar un nuevo camino y unos nuevos valores, por una parte, y por otra la posibilidad de quedar atrapados en el nihilismo, en la aceptación de un todo-vale moral e intelectual, incapaces de tomarnos nada en serio porque creemos que, si no existen los valores absolutos, nada tiene valor, es una línea delgada y difusa. Bart, el crío de los pantalones cortos azules, en efecto puede representar el peligro del nihilismo.

     No posee (o tiene pocas) virtudes, carece de espíritu creativo, ha aceptado el caos de la existencia, pero no de tal modo que le permita dar forma a algo hermoso a partir de él; Bart exhibe una suerte de resignación al aceptar y relacionarse con ese caos. Si nada tiene un significado verdadero, ¿por qué no comportarse mal, hacer lo que me venga en gana? Bart rechaza, irrespeta y vilipendia los antiguos ídolos vacuos, pero no para acabar con ellos, con sus insultos y su ocultación de la realidad, sino porque carece de una identidad sólida y completa.

Así habló Bart: Nietzsche y la virtud de la maldad”, de Mark Conard

Los Simpson y la filosofía” (Blackie books 2009) de William Irvin, Mark Conard y Aeon Skoble

     Como dijo en una ocasión el escritor ruso Fiódor Dostoyevski (1821 a 1881): “si Dios ha muerto, todo está permitido”, lo que significa que deberíamos eliminar de la moral todo “valor absoluto” al margen del “ser humano”. En esta tesitura, cada individuo será capaz de elegir libremente en cada una de sus acciones, y conforme a estas acciones, “crear sus propios valores”, sin necesidad de que existan valores absolutos (aquellos que Dios representaría si existiera). Por ello, y debido a su "malicia" habitual, los raros momentos en los que Bart Simpson cobra "conciencia del deber" subrayan ciertas "cuestiones morales" con mayor eficacia que si dicho reconocimiento tuviera lugar por parte de un niño que se comportase bien en el sentido convencional.

     El pensar de Bart está determinado por aquello que “hay para pensar”. Esto hace que el pensar de Bart sea especialmente reactivo a lo que “ya existe”, a aquello que “se le presenta”. Y está es la fuente de muchos de los singulares poderes existenciales de Bart: su brioso ingenio, su sobrenatural capacidad de "coquetear con el peligro" y los problemas o evitarlos, el don oracular que tiene de predecir el curso de los acontecimientos. A diferencia de nosotros, y del resto de habitantes Springfield, que estamos lastrados por “lo personal” y creyendo que estamos proyectados desde el mundo por intermediarios, por “cabezas que nos zumban en la cabeza”, Bart no se deja distraer por los zumbidos, no tiene pantallas ni está encasillado. En todo lo que piensa y hace, Bart está “cara a cara ante las cosas”, se ve obligado, como decía el filósofo alemán Edmund Husserl (1859 a 1938) a ir “a las cosas mismas”.

    Firmemente, asentado ante todo aquello que le interesa, presente ante “todo lo que es” del mismo modo que “todo lo que es” ello se encuentra presente ante él, para Bart, nada está sencillamente en su cabeza. No hay intermediario psicológico o personal entre él y el mundo, puesto que “todo está personificado”, todo remite inevitablemente a él mismo. En este sentido, Bart representa fielmente el sentir de los filósofos del "existencialismo", en especial de Jean-Paul Sartre (1905 a 1980): arrojado a un mundo que le resulta “absurdo” y que carece por completo de “sentido”, sobrevive contra viento y marea, y lo hace “por sí mismo”, tomando decisiones que "lo sitúan en el mundo" a cada acción, en cada decisión, con cada uno de los gestos de su "voluntad", en cada uno de los ejercicios de su "libertad".

     El pensamiento moral de Bart puede apreciarse en algunos episodios de la serie como “Filosofía bartiana" (T05 C07) en la que el pequeño accidentalmente estimula a toda la ciudad a "actuar como él", gracias a un terapeuta de autoayuda. En “El cambio de Bart” (T11 C02), tras arruinar el gimnasio de la escuela en una de sus habituales bromas, Skinner aconseja que se dé a Bart una droga para "modificar su conducta". En “El día de la muerte de la comedia”, el Actor Secundario Bob sale de la cárcel y trata de vengarse de Krusty El Payaso, y para eso "hipnotiza a Bart para que mate a Krusty" en su último programa. Y una interesantísima propina a partir de un clásico del cine negro contemporáneo: la película de “Uno de los nuestros” (Warnes Bros, EEUU, 1990) de Martin Scorsese, recreada en “El pequeño padrino” (T03 C04), en la que, después de un día de escuela particularmente malo, Bart cae dentro de un "club de mafiosos" y se convierte en camarero del local, pero cuando llega tarde a trabajar por culpa de un castigo de Skinner, el director del colegio “desaparece” misteriosamente.

     Otros interesantes ejemplos con Bart como protagonista son “Intercambio cultural” (T01 C11), en donde nuestro intrépido joven es enviado a Francia como estudiante de intercambio y es obligado a vivir con dos "productores de vino francés", y en su lugar la familia Simpson recibe a Adil, un estudiante de Albania, que en realidad es un "espía que roba secretos de la planta de energía nuclear" de Springfield, por lo que Bart descubre que su viaje a Francia no fue tan buena idea; en “La sociedad de los golfistas muertos” (T 02 C 06), para saber quién es el mejor del barrio, Homer y Ned Flanders colocan a sus hijos Bart y Todd frente a frente en una "competición de mini-golf", y aunque los chicos entrenan sin cesar para el gran día, es obvio que el torneo es más importante para sus padres, quienes han apostado que el padre del perdedor deberá "podar el jardín de su vecino" usando el vestido de su esposa; en “Tres hombres y una historieta” (T02 C21) Bart, Milhouse y Martin compran entre los tres el ejemplar número 1 del comic "Radioactive Man", pero encuentran problemas a la hora de compartirlo; en “Bart vende su alma” (T07 C 04), convencido de que "el alma no existe", Bart se la vende a Milhouse por cinco dólares, pero más tarde, sintiendo que de verdad le falta algo, comienza una dura lucha para "recuperar lo que es suyo".

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