El ilustre obispo católico de la ciudad irlandesa de Kilkenny George Berkeley (1685 a 1753) supone la más notable injerencia del "empirismo" en los terrenos del "idealismo". Poseedor de una árida obra filosófica, patente en el “Tratado sobre los principios del conocimiento humano” (A Treatise Concerning the Principles of Human Knowledge), verdadero quebradero de cabeza para sus alumnos del Collage de Dublín (que el autor trato de suavizar con la publicación de algunos textos de tono más divulgativo, especialmente “Tres diálogos entre Hylas y Philonus”, que podéis consultar íntegro en este enlace), Berkeley acepta el principio empirista según el cual “todo nuestro conocimiento procede de la experiencia” pero, a diferencia de John Locke (1632 a 1794), no admite la existencia de una “sustancia material” como “soporte de las cualidades” que percibimos: la “materia” (material) no es una “sustancia” (substance), ya que se reduce a sus “cualidades perceptibles” (primary and secondary qualities) como un olor, un color, una textura... que solo existen “para nosotros” en la medida en que nosotros “las percibimos”, ya que están presentes únicamente “en nuestra mente” (sense data).
De la sustancia no podemos saber absolutamente nada, luego no podemos afirmar su existencia, por lo que “esse est percipi” (“ser es ser percibido”). El empirismo es llevado aquí a un idealismo extremo: en tanto percibidas, las “cualidades de las cosas” son tan solo “ideas de nuestro espíritu”, luego “sólo podemos estar seguros de nuestro espíritu y sus ideas”. El desafío que supone para Berkeley este “inmaterialismo”, unido a sus muy firmes convicciones religiosas, le hacen matizar su pensamiento con la introducción de la “idea de Dios” como "mente omnisciente" que percibe constantemente la totalidad de las cosas y "garantiza su existencia y regularidad" aun cuando hubiera una mente finita que pudiera percibirlas. Hace compatible así la "negación de la existencia independiente de la materia" con la "afirmación de su permanencia" (en la mente divina), lo que le permite hacer frente a las abundantes objeciones de muchos de sus coetáneos, que le acusaban de “suprimir el mundo real”.
La conocida película “The Matrix” (Warner Bros 1999) de los hermanos Larry y Andy Wachowski (actuales Lana y Lilly Wachowski), que nos resultó tan útil para explicar las teorías idealistas de Parménides, Platón o Descartes, puede servirnos también para aproximarnos a las tesis inmaterialistas de Berkeley. En las sucesivas escenas en las que los protagonistas Neo (Keanu Reeves) y Morfeo (Laurence Fishburne) se sumergen en el “constructor” queda patente la idea de que la realidad que tenemos delante no es más que una ficción ideada por nuestra mente: “¿Crees que lo que respiras es aire?”. Rodeados por una estructura virtual que no existe, nuestra mente tiende a creer que lo que tenemos delante de los ojos es "real", cuando no es más que una quimera, un conjunto de "asociaciones llevadas a cabo por nuestro intelecto" sin correlato con una "sustancia material concreta"… por lo que solo nos queda desprendernos de este prejuicio, de esa ensoñación, para confirmar que “todo está en nuestra mente”, y que más allá de ella “no hay nada”. Es hora de dar el gran salto: “Despierta, Neo”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario