Comenzamos nuestro repaso a las teorías éticas con el concepto de intelectualismo moral, introducido por Sócrates de Atenas (470 a 339 a.n.e.) un autor que ha tenido, y tiene aún, innumerables seguidores, como el polémico y divertido doctor Gregory House (Hugh Laurie) protagonista de la serie "House M.D." (NBC, EEUU, 2004). Ya hemos comentado la filiación de este médico televisivo con el pensador griego en lo tocante al ámbito "epistemológico" a través del concepto de “dialéctica” (διαλεκτική) el famoso método de la "mayéutica" (μαιευτικη´). Nos centramos ahora en sus parecidos "morales". El "intelectualismo" es una teoría ética que sostiene que no sólo es posible conocer el "Bien", puesto que tiene “existencia objetiva" y "validez universal”, sino que además este mero hecho es el único requisito para cumplir con él, para "actuar bien". Al igual que Sócrates, el doctor House concibe la moral como un “saber”, y considera que las personas malas lo son no por pura maldad sino por simple "ignorancia", al igual que las personas buenas no lo son por pura bondad sino por poseer la "sabiduría". Al principio del vídeo que os presento podemos ver una caracterización de los personajes de la serie, cada uno de los cuales remite a una “virtud” o “ateté” (ἀρετή), a una "excelencia de carácter". Lo que los hace buenos médicos es precisamente su "conocimiento" de la medicina. Del mismo modo, el uso de la "ironía" (algo por lo demás muy socrático) permite a House diferenciar entre "el bien y el mal" (físico y moral) desde una posición sapiente, y hacer uso de este conocimiento para poder obrar con "justicia".
La novedosa idea que nos plantea Sócrates es que la “sabiduría” no le viene al hombre desde fuera, sino “desde dentro”, de su interior, de “uno mismo”: el sabio no es el que vive de seguridades, el que por tanto se ha cansado de buscar, sino el "incansable", el que "duda" de forma permanente y se "interroga" sobre los problemas del mundo, sobre todo aquello que le rodea y que determina su vida. Su verdadera filosofía es descubrir por sí mismo la verdad: "mientras viva no dejaré de filosofar", puesto que "una vida no reflexionada no merece la pena ser vivida". Su doctrina “identifica la virtud con el saber”: el que sabe es virtuoso, mientras que el que obra mal es un ignorante, porque el bien, que es "lo útil para el individuo y para la ciudad", influye de tal manera sobre el entendimiento del que lo conoce que, una vez aprehendido, determina su "voluntad", la cual no puede menos que quererlo y practicarlo. El que no lo ha practicado es porque no lo ha conocido, es decir, porque no sabe lo que es el bien: "Solamente sabiendo qué es la justicia se puede ser justo, solamente sabiendo lo que es bueno se puede obrar el bien". Es imposible que el entendimiento conozca el mal, de la misma manera que es imposible que la voluntad quiera el mal, porque "la voluntad está determinada al bien", y el que peca no lo hace por mala voluntad, sino por desconocimiento. En último término, afirma Sócrates, a quien no actue guiado por el bien no se le debe imponer un castigo, sino procurarte una "instrucción"... en lugar de cárceles, deberíamos construir escuelas.
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