domingo, 12 de mayo de 2024

La felicidad por el camino del medio


     Acabamos de ver la película "Alejandro Magno" (Warner Bros, EEUU, 2005) de Oliver Stone, para ejemplificar el pensamiento ético de Aristóteles de Estagira (384 a 322 a.n.e.). Pocas veces una película nos muestra directamente al pensador que estamos estudiando, pero aquí tenemos al "Filósofo" en persona impartiendo clases al joven Alejandro Magno. Comienza la escena con una lección de geografía, para avanzar poco a poco hacia el estudio de la "virtud" (en este caso, el conocimiento del "amor"). Las palabras del maestro son significativas: Aristóteles desacredita a la tradición, “niega los mitos y ensalza la razón”, y su uso en la búsqueda de la virtud o excelencia. Convendría echar un vistazo al arranque de la película (en este enlace) y a su final (en este otro enlace), un breve relato de la vida del conquistador de la mano de uno de sus generales, Ptolomeo I Sóter, que pasaría a la historia como fundador, en el siglo III a.n.e. de la célebre Biblioteca de Alejandría, y que se esmera en contarnos las virtudes del gran Alejandro, que fue quien mejor supo entender el pensamiento ético de Aristóteles, y de llevarlo a la práctica.

     Hay también un ligero toque de Sócrates de Atenas (470 a 399 a.n.e.) en el uso del "diálogo": la lección de geografía es un monólogo del maestro, pero sobre virtud es mejor "razonar a través de preguntas y respuestas". La "virtud" o "excelencia" (ἀρετή) no es un "don propio de los nobles" (los "aristós", los mejores en virtud y sabiduría) sino una "cualidad propia de todo ser humano", con independencia de su nacimiento o de su condición social (incluso de su género: recordemos que Platón, discípulo del gran maestro, proponía que debía “educarse por igual a hombres y a mujeres”, ya que ambos podían ser igualmente virtuosos, una forma de pensar no muy extendida por aquel entonces). Frente a los persas, que son considerados unos "bárbaros" por "ceder ante sus instintos naturales", los griegos son tenidos por hombres superiores, ya que practican “el control sobre sus pasiones” y se esmeran en la virtud de la "moderación" (σοφροσυνη), que es aquella que se alcanza con el ejercicio de la razón: hacer uso siempre del "término medio" (aurea mediocritas), “el justo medio entre el exceso y el defecto” porque eso nos garantizará una mayor felicidad.

     Aristóteles enseña no sólo a Alejandro, sino también al resto de hijos de los nobles macedonios, los "aristoi" (los que luego serán sus generales en el campo de batalla), y se muestra como un "maestro de virtud". Lo que sin embargo debe llamarnos la atención es el uso que Alejandro hace de las enseñanzas de su maestro (contrarias a las de su padre, como podéis comprobar en este enlace), que se revelan de forma clara en la siguiente escena de la película, la "doma de Bucéfalo", cuando el niño aparta de sí los pensamientos míticos ("es el dios Apolo") en favor de la razón ("es sólo un truco"). Fijaros en cómo se acerca al caballo; no se muestra cobarde o con miedo, ni tampoco se comporta de forma atolondrada y temeraria, sino que adopta el "término medio": la "valentía" (ανδρεία). Actúa con mesura, con "prudencia", pero también con "determinación", consciente de sus actos, y se deja guiar por la razón, no por el corazón. Fijaros en su cara de felicidad a lomos de Bucéfalo, cuando consigue el triunfo, cuando alcanza su finalidad. Una buena lección sobre el coraje, que nos proporciona un niño de doce años. Intentemos todos tomar buena nota.

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