domingo, 3 de octubre de 2021

Del arché único a los archái múltiples


     Nuestro artículo final sobre los filósofos "presocráticos" está dedicado a los llamados “pluralistas”, filósofos griegos del siglo V a.n.e. que residieron mayoritariamente en Atenas (si bien ninguno de ellos era natural de esta polis) y que desarrollaron una importante labor en el perfeccionamiento de los estudios sobre la “physis” (Φύσις). La característica común a todos ellos es que, puesto que ya no pueden obviar las “tesis lógicas” eleáticas acerca del “Ser“ propuestas por Parménides y sus seguidores, deberán de conjugarlas de algún modo con las ideas sobre el “fluir universal” del jonio Heráclito, motivo por el que se verán obligados a desarrollar nuevas explicaciones de tipo "pluralista" y no "monista", sustituyendo el “arché” (ἀρχή) por múltiples “archái” que den cuenta de la totalidad de lo real.

     A Empédocles de Agrigento (492 a 434 a.n.e.), que a pesar de su extracción aristocrática era partidario del régimen democrático, se le han atribuido dos obras muy distintas entre sí: “Sobre la naturaleza” (Περὶ φύσεως) y “Purificaciones” (Καθαρμοί), la primera de carácter físico-cosmológico, la segunda repleta de preceptos para poder purificar el alma y alcanzar la salvación. Nuestro autor conocía la obra de Parménides y la seguía en ciertos aspectos (por ejemplo, escribía en verso). Consideraba, como el eléata, que “nada surge de la nada, ni nada termina en nada sino que solo existe la mezcla e intercambio de elementos”. La novedad que introduce es que el principio de donde se origina todo ya no es único, sino cuádrupe: "tierra, aire, agua, fuego". Antes de formarse el universo, estas sustancias estaban mezcladas de forma indiferenciada en lo que Empédocles denomina “Esfero” (σφαιρος) pero, por algún motivo inespecífico, éste se rompe, y a partir de ahí comienzan una serie de transformaciones cíclicas que se dan por la intervención de dos fuerzas externas: “Amistad” (φιλότες) y “Discordia” (νεîκóς).

     Excepto por su pluralidad, movimiento y posibilidad de interrelación y mezcla, estos cuatro “archai” tienen las mismas características que el “Ser” de Parménides: son ingénitos e imperecederos y entre ellos no cabe la posibilidad de vacío. Empédocles los llama “raíces” (ριτσώματα, literalmente "rizomas") si bien Aristóteles más tarde los denominará “elementos”: componentes primarios de las cosas cuya principal característica es que se pueden mezclar en distintas proporciones sin sufrir ninguna alteración cualitativa, pues conservan su “êthos” (ἦθος), carácter o modo de ser propio, ya que “son inmutables a lo largo del ciclo”. Pero si quería escapar de la quietud de Parménides, nuestro autor tenía que postular la existencia de dos fuerzas independientes y exteriores a los elementos: la “Amistad”, que une (tiende a la armonía y a la estabilidad), y la “Discordia”, que separa (tiende a la movilidad y a la dispersión). Estas dos fuerzas serían opuestas, como los “contrarios” de Heráclito, y estarían siempre presentes, pues son eternas, como los propios elementos, aunque no siempre activas, ya que en diversas fases una quedará inactiva y relegada al exterior mientras la otra imperará en todo el “Esfero”.

     Anaxágoras de Clazomene (500 a 428 a.n.e.) es jonio y piensa como tal, por eso pretende encontrar un “arché” material. Pero, como Empédocles, ya no puede olvidar las tesis eleáticas sobre la inexistencia del vacío. Acepta que “ninguna cosa nace ni perece, sino que a partir de las cosas que existen, hay combinación y separación”. Se pregunta el autor: “¿cómo si comemos pan, legumbres o verdura, de ellos se van a producir huesos, carne o pelo?”. Para responder a esto hará uso del esquema operatorio de la nutrición aplicada a la “physis” y terminará postulando el principio de que “en todo hay una porción de todo”. La materia no estaría formada por un único principio, sino que contendría infinitas “khremata” (χρεματα, que se puede traducir de manera genérica e imprecisa por “cosas”). Pero si todas las cosas están en todas las cosas, “¿cómo es que las cosas son diferentes entre sí?”. Anaxágoras habla entonces de “spérmata” (σπερματα), “semillas” que se diferenciarían entre si por las proporciones y por el predominio de alguna de ellas en cada una de las cosas compuestas.

     Es posible que los términos “khremata” y “spérmata” hagan referencia a lo mismo, solo que el primero se referiría a la pluralidad de lo que hay, mientras el segundo se usaría con relación al futuro de los compuestos. Pero no está muy claro, tanto es así que el propio Aristóteles, para explicarlo, utilizó un término que confunde más si cabe el asusto: “homeomerías” (ὁμοιομέρεια), “sustancias cuyas partes son semejantes entre sí y con respecto al todo”. Pero la verdadera innovación de Anaxágoras es la introducción del “noûs” (νοûς), una nueva dimensión, distinta de la “physis”, que posteriormente dará muchos frutos filosóficos. Se suele traducir por “intelecto” o “mente”, y tendría dos funciones: una motora y otra ordenadora. Este ser infinito, inteligente, sin límites, que “existe siempre”, no estaría mezclado con nada, movería el “migma” o “mezcla originaria”, provocando un "torbellino" a partir del cual se iría ordenando todo el universo y se irían formando todas las cosas, pero una vez introducido este primer movimiento ya no volvería a intervenir más en el mundo (esta última afirmación, por cierto, se la reprochará Platón en su obra “Fedón“).

     Demócrito de Abdera (460 a 360 a.n.e.) no puede ser considerado propiamente como un filósofo “presocrático”, no solo por ser contemporáneo de Sócrates (al que sobrevive, pues llegaría a ser muy longevo), sino sobre todo por su saber enciclopédico: sabemos que escribió  en torno a 60 tratados de temas tan dispares como ética, física, matemáticas, filología, técnica... Si Parménides había afirmado que “el Ser era uno”, eterno, llevo, indivisible e inmóvil, los partidarios de la “escuela atomista” advirtieron que esto podía conciliarse con la pluralidad y el movimiento fenoménico con solo hacer añicos el “Ser” y admitir el "vacío". “En realidad hay solo átomos y vacío”: si Parménides daba consistencia al “Ser”, Demócrito intentará dársela al “no-Ser”, y lo hará dialécticamente. El “vacío” (vacīvus), simplemente "lo que no es nada" (“no-a-tomos”), hasta ahora considerada una idea inconcebible y negada por todos los materialistas, es una realidad no corpórea cuyo ser consiste en ser "cortado" o "recorrido", y por tanto será aquello que posibilite el movimiento de los átomos.

     La palabra “átomos” (ἄτομο , literalmente “sin partes” o “sin división”, esto es, "que no se puede cortar") es un tecnicismo introducido por Leucipo de Mileto (maestro directo de Demócrito): se trata de elementos cualitativamente iguales, compactos, plenos, continuos, sin vacío interior y, por tanto, impenetrables e indivisibles, que nunca sufren cambios en su seno y son por ello eternos. En cuanto a su aspecto exterior, tienen diferentes tamaños, figuras o formas: unos son redondos y lisos (como los del fuego o los del alma), otros cóncavos, otros ganchudos o puntiagudos, pero todos ellos son imperceptibles. Conectándose unos con otros irán formando los “compuestos”: la figura y el tamaño no cambian, pero sí el orden y la posición. El movimiento de los átomos es “eterno”, aunque “desordenado”, ya que en un principio estarían situados en un “espacio” o “jóra” (χώρος) isótropo e infinito. Moviéndose en este espacio “chocan azarosamente entre sí” y algunos, debido a sus variadas formas, se entrelazan, surgiendo de este modo un "torbellino" que daría lugar a los diferentes componentes y a los infinitos mundos.

     Todo ocurre por una “razón mecánica”, pues cada movimiento atómico depende de los movimientos precedentes. La “sensación” no es más que la alteración que sufren los átomos del alma al ser impactados por los “efluvios atómicos” que provienen de los “cuerpos externos”. Si queremos saber en realidad qué son las sensaciones, debemos reducirlas a “átomos y vacío”. Ahora ya tenemos un “nómos” (νόμος) que se opone a una realidad física, algo que no era propio de los presocráticos, pero que de ahora en adelante va a ser muy común en el ámbito filosófico, como veremos. Para consultar algunos de los "fragmentos" y "testimonios" sobre estos autores, os enlazo a la dirección de la red de distribución de contenidos CDN, para revisar la compilación de textos realizada por Eugenio Molera, donde encontraréis abundante material sobre los pensadores que acabamos de trabajar.

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