jueves, 12 de octubre de 2023

Abejas danzarinas y macacos higiénicos


     El estudio comparado del “comportamiento” entre las distintas especies nos enseña que somos mucho más parecidos a los animales de lo que suponemos (y seguramente de lo que nos gustaría reconocer). El desarrollo de la "biológica", especialmente la introducción de la "teoría de la evolución", reorientó a la "psicología", porque se pensaba que la investigación con animales arrojaría alguna luz sobre el “comportamiento humano”. Existen dos tendencias: la “etología” y la “psicología animal”. La primera se centra en el estudio de las “pautas innatas de comportamiento” de las especies en su propio ambiente, haciendo uso del método de “observación natural”, que permita proponer “etogramas” (vocabulario completo de la conducta de una especie) y tiene como miembros destacados a Karl von Frisch (1886 a 1982) y Konrad Lorenz (1903 a 1989). La segunda apunta al estudio del proceso de “aprendizaje animal” y ha desarrollado diversas teorías acerca de la conducta gracias al método de “experimentación en laboratorio” (que permite un mayor control de las variables y posibilita la introducción de estadísticas) y cuenta entre sus filas a insignes autores como Iván Pávlov (1849 a 1936) y Burrhus Frederic Skinner (1904 a 1992).

     Tendremos tiempo de hablar de la psicología animal al trabajar la temática del aprendizaje. Hoy nos vamos a adentrar en el estudio etológico de las “pautas fijas de acción” (conocidas popularmente como “instintos”), conductas estereotipadas de una determinada especie que son tan específicas como cualquier característica anatómica. El estudio del comportamiento, tanto animal como humano, tiene sus raíces en el "programa genético" del ADN del individuo y el "ambiente particular" al que se ha adaptado durante su largo proceso de evolución. Existen comportamientos innatos, estereotipados, rígidos y repetitivos, que resultan reveladores en este sentido. Los seres humanos, manifestamos algunos de estos “comportamientos innatos” en acciones como el "reflejo de succión" de los bebés o la "sonrisa" de los niños al ser acariciados (que ocurre incluso en niños ciegos y sordos de nacimiento, que realizan estos gestos cuando están contentos sin copiarlos o mimetizarlos).

     Las dos formas de “aprendizaje no asociativo” son la “habituación” y la “sensibilización”. La primera consiste en la disminución de la respuesta a un estímulo por experiencia repetida (como la respuesta de “paralización” de los gusanos o la acción de “agazaparse” de los polluelos); mientras la segunda consiste en justo lo contrario, el aumento de la respuesta a un estímulo debido a los acontecimientos ambientales (como la respuesta de “huida” de un gato ante un ruido ensordecedor o las “pataletas” propias de un niño que no consigue lo que quiere).

     Por otro lado tenemos el "aprendizaje asociativo", cuando el estímulo queda asociado a otro estímulo “por la experiencia” (como cuando los peces suben a la esquina del acuario en busca de su comida o la respuesta de espera de un perro mientras su dueño realiza la compra en el supermercado). Lorenz estudió un tipo particular de este aprendizaje, la "impronta", que ocurre solo tras el nacimiento y queda fijado para toda la vida: consiste en la "vinculación social" con los "estímulos" que se le presentan a la cría al nacer (los polluelos de pato adoptan como madre a cualquier cosa, animal o persona que se mueva alrededor, y más adelante los patitos siguen a su madre pata atados a una especie de “hilo invisible”).

     Von Frisch por su parte estudió una conducta particularmente interesante (que os presento en el primero de los vídeos): la “danza de las abejas”. Se trata de un complejo sistema de “comunicación animal” desarrollado por las abejas obreras para transmitir a sus compañeras de colmena "la dirección y la distancia" de la “fuente de polen” más cercana: tras regresar a la colmena, la abeja que ha estado en contacto con las flores inicia una serie de "movimientos danzantes" que sus compañeras observan e interpretan, y que involucran sofisticados "conocimientos geométricos" (identificar el norte geográfico por la disposición del Sol para señalar la ruta de acceso a la comida). No resulta descabellado decir que "las abejas obreras saben matemáticas". Esta danza se lleva a cabo en la oscuridad de la colmena, sobre panales que penden o cuelgan verticalmente. Variando la distancia de la fuente alimenticia, es posible observar que el meneo aumenta cuanto mayor es la distancia, por lo cual la abeja tarda más en recorrer la línea ondulada, mientras que, al disminuir la distancia de la fuente alimenticia, recorre más rápido la línea central.

     En 1953, la joven profesora de primaria Satsue Mito (1914 a 2012) descubrió que una hembra joven de macaco llamada Imo lavaba los boniatos en un lago. Este hecho fue profundamente estudiado y cambió la concepción sobre la ampliación de los "procesos culturales" en el resto de los animales. El proceso estudiado se consideró una “tradición de tipo cultural”, porque el lavado de los boniatos cumplía tres de los requisitos básicos para ser considerado cultura: “había emergido”, “se había propagado” y “se había modificado”. Imo se comportó de manera inédita hasta el momento (emergencia); el comportamiento fue reproducido por otros individuos (propagación); finalmente, los boniatos pasaron de lavarse en riachuelos a hacerlo en el mar (modificación); de esta manera, además de limpiar la batata se obtenía un sabor más salado y agradable para los animales. Este fenómeno también fue observado por el antropólogo catalán Jordi Savater Pi (1922 a 2009) en “El chimpancé y los orígenes de la cultura”, donde opta, como indica el título, por señalar comportamientos culturales en macacos, chimpancés y gorilas. Algunos casos parecidos con chimpancés se han investigado con similares resultados en el zoo de Madrid. Incluso hay macacos que “comen ostras”, como nos muestra este documental final de National Geographic.

No hay comentarios:

Publicar un comentario