Una vez repasadas las diferencias entre la “moral” y la “ética”, ha llegado el momento de analizar las diferencias entre los distintos tipos de “acciones humanas”, y lo primero que tenemos que hacer es definir con claridad a qué llamamos “acción”. En un sentido muy amplio, una acción sería todo "acto” o “suceso” que se produce en el mundo, por lo que podemos considerar acciones la erosión que el viento causa en las montañas, el efecto protector que los lubricantes causan en el motor de un coche, los desperfectos que el gato causa en el sofá o la explicación que el profesor da a sus alumnos.
Pero nosotros vamos a utilizar el término “acción” en un sentido más restringido, para aplicarlo exclusivamente a las "operaciones conscientes y voluntarias” realizadas por un “agente libre”. Ni el viento ni los lubricantes se proponen hacer lo que hacen ni se dan cuenta de ello, por lo que “erosionar” o “proteger” no son propiamente acciones. El gato sí realiza sus desperfectos de forma consciente y voluntaria, aunque esto podría ser discutible, puesto que está determinado por sus “instintos”, por lo que no se puede decir que se trate de una acción libre. El profesor, por el contrario, es plenamente "consciente" de lo que hace, y además lo hace de forma "voluntaria" (porque quiere hacerlo) y "libre" (porque lo decide así).
La acción será por tanto una "característica específica del ser humano", pero no todo lo que hacemos se puede calificar como acción en sentido preciso: parpadear o tener fiebre son cosas que hacemos “sin proponérnoslas” y “sin controlarlas”, por lo que no serían propiamente acciones. Escribir un correo electrónico, jugar al baloncesto, estudiar para el examen de matemáticas o fregar los platos sí serían acciones, mientras que sonrojarse, sentirse mareado o roncar no lo serían, y de la misma manera la caída de una hoja de un árbol, la subida de la marea o la puesta de sol tampoco podría identificarse como acciones.
Fijémonos en lo que hace “Man”, el protagonista de este pequeño cortometraje del joven dibujante y director británico Steve Cutts (1998-) que os muestro al inicio del artículo. ¿Cómo podríamos juzgar las "acciones" de este hombre?
Podemos compararlo con las acciones que realiza “Moby”, el protagonista de un nuevo vídeo del mismo autor que podéis ver al final del artículo. ¿Podemos señalar las diferencias entre los "comportamientos" de los dos sujetos?
Los seres humanos realizamos múltiples acciones a lo largo de toda nuestra vida, aunque no todas ellas van a poseer el mismo carácter ni van a tener la misma trascendencia. En primer lugar, realizamos acciones de forma “inconsciente” (como hacer la digestión o dormir), “mecánicamente” (como vestirnos o caminar) o por pura “necesidad” (como respirar o comer), un tipo de acciones que el hombre no hace ni consciente ni libremente y que solemos llamar “actos del hombre”. También hay acciones que el hombre realiza de forma consciente y libre, pero resultan “intrascendentes” o "de poca importancia practica”: que yo decida dar un paseo, dormir la siesta o ver la televisión esta tarde no tiene ninguna relevancia.
Por contra, cada día realizamos acciones plenamente “conscientes y libres”, sobre todo en el ámbito "laboral" y "estético" (como cuando completamos una tarea de clase o decidimos pintar un cuadro), que además tienen una gran repercusión práctica y están sometidas a unas determinadas “normas”, pero aunque es evidente que son acciones, no se las puede considerar “morales”, ya que las normas a las que están sometidas no son “normas morales”. Finalmente, existe otro tipo de acciones que, además de ser “conscientes y libres” y de tener “repercusión en los demás” (puesto que de ellas se siguen "consecuencias"), están sometidas a un tipo específico de normas que llamamos "normas morales".
Cabría discutir si algunas “actividades” que no son propias de las personas, sino de los animales o de las computadoras, podrían considerarse “acciones” (como un ordenador jugando al ajedrez o un primate lavando su comida). Desde luego estas acciones son “conscientes”, pero no queda claro si son “voluntarias” (los animales están condicionados por su “instinto” y los ordenadores están limitados por su “programa informático”), y en ningún caso se podría considerar que estos seres son “libres”, que “escogen y decide qué hacer”, por lo que sólo el "ser humano" debe considerarse capacitado para desarrollar acciones auténticas y puede definirse como un “agente consciente, voluntario y libre”.
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