La palabra “idea” (ἰδέα) que nosotros identificamos como “sustantivo” con el significado de “concepto abstracto en la mente”, procede del verbo griego “idein” (ἰδέῖν), “ver”, y de él deriva un “adjetivo” interesante: “edeai” (εδεαι), “visible” o “que se ve”, un sentido del término que ya utilizó en su momento Demócrito de Abdera (460 a 370 a.n.e.) para designar las “uniones nodulares” (tierra, agua, aire, fuego) entre los "átomos", pues estos últimos son invisibles, mientras que sus combinaciones son visibles. En definitiva, “idea” equivaldría etimológicamente a “visión”, significando tanto el “aspecto de la cosa” como el hecho de “verla” o "percibirla", designando “lo que se ve” de una cosa cuando se contempla cierto aspecto de ésta. Cuando un griego de la época clásica se refiere a una idea, lo que está queriendo decir es que literalmente “ve” (“en su mente”) el objeto del que se está hablando, como cuando alguien nos describe un objeto y nosotros comprendemos el sentido de la explicación y decimos: “ya lo veo… ya me hago una idea”, puesto que una idea es algo que simplemente “salta a la vista”.
Si nosotros quisiéramos convertir ese adjetivo griego original en un sustantivo, la palabra adecuada para traducirlo sería “imagen”: cuando vemos en una película o en un vídeo musical a un actor o un cantante conocido, o cuando vemos en el móvil la foto de un familiar o un amigo, lo identificamos inmediatamente, y decimos “es Prat Pitt” o “es Lady Gaga”, o bien “es Sergio” o “es Sara”, cuando en realidad lo que vemos no es ese “ser humano en concreto” (un ser físico, material, tridimensional) sino solo una “representación” de ese objeto físico que nosotros percibimos en dos dimensiones. Platón se refería a Homero (VIII a.n.e) como “creador de imágenes”, porque era capaz de sugerir a sus oyentes “imágenes en la mente” a través de palabras con las que aquellos podían “imaginar”, es decir, “generar imágenes” de Aquiles, Agamenón o Ulises, incluso de dioses como Zeus, Atenea o Apolo. Por eso Platón hará un uso frecuente de los “mitos” en sus obras filosóficas, en tanto “alegorías” (ἀλληγορία) que sirven para ejemplificar “con imágenes” conceptos que de otro modo pueden resultar muy abstractos.
Un hecho inquietó especialmente a Platón: ¿cómo podemos diferenciar entre la “apariencia” de las cosas (lo que estas “parece que son”) y la verdadera “realidad” de las cosas (lo que las cosas “son”, su “esencia”). Y nuestro autor va a dar dos “saltos mortales” que nadie había intentado con anterioridad. En primer lugar va a mostrar que no es la “idea” la que “copia” a la “realidad” (la “cosa”, el objeto físico), sino que es justo al revés, es la “cosa” la que copia la “idea”, y por tanto “la idea es lo real” mientras que el “objeto” no es más que una “apariencia”, una “falsificación de lo real”. En segundo lugar, Platón nos dirá que la “idea” no existe únicamente como imagen o representación “en nuestra mente”, sino que existe objetivamente “en otro mundo” (al que llamará “mundo inteligible”), totalmente distinto del “mundo físico” de las cosas… que tan solo son “copias imperfectas” de la verdadera realidad que son las ideas… pues las cosas tratan de “imitar” a las ideas sin conseguirlo del todo, ya que las ideas (abstractas, inmateriales, inmutables), son algo “perfecto”, mientras que las cosas (concretas, materiales, cambiantes) son algo “impreciso”, pues tienen cierta “deficiencia” que las hace “imperfectas”.
Vamos a ejemplificar esto con una “imagen” perfectamente reconocible por nuestros alumnos: pensemos en un “Big Mac”, la famosísima hamburguesa de McDonald´s. Si pedimos a nuestros alumnos que imaginen (“visualicen en la mente”) un Big Mac, ellos piensan inmediatamente en el “bocadillo perfecto” (como nos muestra la imagen central de este artículo): un bocadillo que tiene de todo: cereales (trigo, sésamo), carne (proteína animal), vegetales (cebolla, lechuga), fruta (tomate), encurtidos (pepinillo), lácteos (queso), huevos (mayonesa)… este bocadillo es sencillamente “perfecto”. Pero resulta que nos vamos a un restaurante McDonald´s, nos acercamos al mostrador y decimos: “quiero mi bocadillo perfecto”… y lo que obtenemos no es precisamente lo que “teníamos en la mente”, pues nos ofrecen un bocadillo deficiente, imperfecto, incluso repulsivo, que nada tiene que ver con la “imagen publicitaria” de este producto alimenticio. Nuestras expectativas se ven truncadas porque lo que recibimos no es más que una burda “copia” de ese “bocadillo perfecto” que deseábamos, que trata de imitar a ese “modelo” sin conseguirlo plenamente.
¿Y dónde podemos encontrar ese modelo? El “bocadillo perfecto” (que para Platón es lo único verdaderamente “real”) es una “idea”, una “imagen” que está alejada de este mundo físico, cambiante y corrupto en el que vivimos… al igual que la “imagen publicitaria” del Big Mac se encuentra guardada “en la nube” (“cloud computing”), ese lugar inmaterial poblado de imágenes perfectas e inalterables que perviven por siempre. Las ideas se encuentran alojadas en un “mundo inteligible” que está más allá del “mundo sensible”, y mientras este último es cambiante, pues está sometido a generación y corrupción (como nos había advertido Heráclito) el anterior es inalterable e imperecedero (como nos había sugerido Parménides), pues solo contiene las realidades perfectas, realidades a las que nosotros podemos acceder mediante una detallada “inspección de la mente”, pues solo el ejercicio del pensamiento, y no el uso de nuestros engañosos sentidos, nos permitirá alcanzar el conocimiento de “lo que es”, de la “esencia” de las cosas, lo que estas son “en sí mismas”, es decir, nos permitirá conocer “lo verdaderamente real”.

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