Estamos trabajando en el aula el concepto “norma moral”, y para ejemplificarlo os he seleccionado un par de vídeos interesantes. En primer lugar tenemos un extracto de la película “Piratas del Caribe” (Disney, EEUU, 2007) de Gore Verbinski, que en su tercera parte “En el Fin del Mundo” nos ofrece una escena impagable: el momento en que el padre de Jack Sparrow (Keith Richards, el mítico guitarrista de The Rolling Stones, en el que se inspiró el propio Johnny Depp para recrear al personaje) hace aparición portando el famoso “código” del que todos los piratas hablan a lo largo de las cinco películas de la saga y al que todos ellos están sometidos.
Aunque lo que vemos es poco más que una escena graciosa, el "código de conducta pirata" puede servirnos para comprender el sentido de las “normas morales”: un conjunto de expresiones que pone en forma de mandato una serie de “valores morales” que todos "asumimos personalmente" y con las que "nos identificamos" de forma espontánea… si es que eso es posible rodeado de una panda de rufianes que venderían su alma al diablo por un puñado de doblones de oro o por una miserable botella de ron. Al final del artículo disponéis de otro vídeo en el que se muestra "la realidad de este hecho": cómo era realmente la forma de vida de los piratas de la época moderna, con sus códigos de conducta adecuadamente concretados en una serie de normas. Otros colectivos "mal vistos" por la sociedad se comportan de manera similar; así por ejemplo, entre los grafiteros existen normas estrictas: "Jamás se pinta encima de otro grafiti"... y esta es una prohibición tajante y de obligado cumplimiento.
Un poco más en serio, os recuerdo que todas las “normas morales” son “normas de convivencia”, pero que no todas las normas de convivencia son normas morales; por otro lado, muchas de las normas morales han pasado a formar parte del derecho, se han convertido en “normas jurídicas”, aunque no todas las normas jurídicas pueden considerarse morales. Recordad nuestro artículo previo "Do the right thing, baby!", en el que sosteníamos que toda "norma moral", para poder ser considerada como tal, debe de reunir, según nos comenta la filósofa Adela Cortina (1947-) al menos estas tres características: “autoobligación” (que no se me impone desde fuera, sino que la asumo como propia por mí mismo), “incondicionalidad” (que no proponen una condición para la acción ni buscan un beneficio personal) y “universalidad” (que deberían aplicarse por cualquier persona en todo momento y lugar). Se trata de tres imponderables que todos debemos asumir como propios.
Los dos vídeos que proponemos aquí nos dan pie para adentrarnos en el tema de la “maduración moral”, del que ya hemos hablado en artículos anteriores, y sobre el que volveremos en artículos futuros. Hemos comentado en clase los modelos explicativos de Jean Piaget (1896 a 1980) respecto de la "maduración intelectual" y de Lorenz Kohlberg (1927 a 1987) respecto de la "maduración moral", que hemos tenido tiempo de comentar en el aula en profundidad y que os animo a revisar gracias a dos interesantes vídeos del canal educativo de YouTubeSprouts, y que nos permitirán hacernos una idea más clara del concepto de “desarrollo moral”.
A punto de concluir el trimestre, convendría recordar algunos aspectos básicos de las unidades que hemos visto últimamente. A tal efecto, os muestro aquí una serie de enlaces a la excelente página web Filópolis, que nos ofrece un interesante resumen sobre los conceptos de “valor” y “valor ético”, además de una serie de ejercicios informales muy instructivos, como un "cuestionario", un "crucigrama" o un "test interactivo" que nos pueden ayudar a comprender mejor esta temática.
El vídeo que abre el artículo ejemplifica perfectamente el sentido que henos dado al concepto de “valor” en sus diferentes acepciones: “económico”, “útil”, “intelectual”, “vital”, “estético”… Sobre el concepto de “valor moral” hemos tenido oportunidad de debatir en el aula en profundidad, por eso no insistiré más en el tema, tan solo os propongo esta joya de cortometraje realizado hace pocos años para promocionar la Lotería de Navidad: “El valor del compañerismo”.
Acabamos de comenzar el tema de la evolución humana y muchos de vosotros os estáis empezando a plantear cuestiones verdaderamente interesantes al respecto. Siempre que nos adentramos en el estudio del “ser humano” es inevitable comenzar a hacerse preguntas “trascendentales” sobre el “origen de la vida” y sobre el “origen y lugar del hombre” en este grandioso proceso cósmico. Lo primero que deberíamos hacer es poner en perspectiva todo este tinglado, y no conozco a nadie mejor para ello que nuestro viejo amigo Carl Sagan (1934 a 1996). Os he seleccionado uno de los momentos más espectaculares y recordados de la magnífica serie de televisión “Cosmos: Un viaje personal” (BBC, EEUU, 1980) que lleva por título, precisamente, “El calendario cósmico”.
Sagan nos ofrece una panorámica global del "proceso de generación y desarrollo del universo”, desde la “gran explosión” hasta el momento presente (comparado con este largo periodo de tiempo, la separación de algo más de cuarenta años entre nosotros y este episodio de la serie es una insignificancia). De forma muy visual y didáctica, pero no por ello menos rigurosa, nuestro autor compara esta evolución con el desarrollo de un periodo de tiempo asumible en términos humanos: “un año” (desde el primer segundo del primer día de enero hasta las campanadas de medianoche del día de nochevieja). Es sorprendente ver como se gestan las “galaxias”, las “estrellas”, los “planetas” y sus satélites, los “continentes” sobre los océnamos, finalmente la “vida orgánica”, lo que nos permitirá comprender mejor nuestra situación en este diminuto e inestable planeta que llamamos “hogar”.
Precisamente hablando de vida orgánica, se me ha ocurrido también colgaros un celebrado clip de Matt Groening (1954-), el creador de “Los Simpson” (20th Century Fox, EEUU, 1982), para certificar la "evolución de las especies". Podéis consultar este vídeo que os selecciono, titulado “Homer evolution”. También resulta muy interesante, a la par que igual de divertido, este anuncio extraído de una campaña publicitaria de la marca de cerveza irlandesa Guinness (y no quiero que esto os sirva como excusa para el consumo desaforado de cerveza este próximo fin de semana) titulado “Las mejores cosas les ocurren a los que esperan”, que en su momento fue el ganador de la “Palma de Oro” en el celebrado Festival Internacional de Cine Publicitario de Cannes de hace unos pocos años.
El motivo por el que he elegido precisamente este vídeo es el siguiente: ya que el propio Charles Darwin (1809 a 1882) tuvo que hacer uso de su "creatividad", imaginando el proceso de evolución “de adelante hacia atrás”, esto es, desde el momento actual hasta el surgimiento de las primeras especies, podemos probar nosotros a hacer el mismo ejercicio de imaginación viendo el proceso “al revés”, como propone el anuncio. Y si a Darwin le llevó toda una vida desarrollar su "teoría de la evolución" a partir de los datos que, como naturalistas, obtuvo en su juventud en su deambular por las IslasGalápagos en el famoso HMS Beagle, el anuncio nos recuerda que la paciencia y la espera son esenciales, y que nuestra aparición en el planeta, aunque lenta y trabajosa, ha merecido la pena.
La película “Master and Commander: Al otro lado del mundo” (FOX, EEUU, 2003) del australiano Peter Weir (1944-) a partir de una de las novelas más conocidas del increíble escritor británico Patrick O'Brian (1914 a 2000) nos muestra un personaje excepcional, el médico del barco, el doctor Stephen Maturin (Paul Bettany), un joven inglés “amante de la naturaleza”, que es un trasunto evidente del joven Darwin (como puedes comprobar este vídeo, en el que ve al doctor “Explorando las Galápagos”). Otros ejemplos interesantes de evolución los tenéis en el arranque de la película ”Adaptation: El Ladrón de Orquídeas" (Columbia, EEUU, 2002) de Spike Jonze (1969-) sobre un guion de Charlie Kaufman (1858-) hace más evidente esta evolución, al conectar todo el proceso con el momento actual del protagonista: "¿Cómo he llegado hasta aquí?".
Y un último apunte para la reflexión: el excelente arranque de la película de “2001: Una odisea del espacio” (Metro-Goldwyn-Mayer, EEUU, 1968), película dirigida por Stanley Kubrick (1928 a 1999) a partir de un relato corto de Arthur C. Clarke titulado “El centinela” (que podéis leer completo en este enlace), una más que interesante reflexión sobre el posible “Amanecer del hombre” que conecta la aparición del “ser humano” con el descubrimiento de la primera “herramienta”, y que nos permitirá introducir más adelante el concepto de “evolución cultural”. Sé que el metraje (10 minutos en los que “no se habla”) puede echaros un poco para atrás, pero merece la pena invertir este tiempo para descubrir una lección que seguramente no olvidaréis: la "lucha por la supervivencia" comienza con una "idea".
Hemos comentado en el aula la figura del filósofo y lógico británico Charles Lutwidge Dodgson (1832 a 1898), más conocido por su pseudónimo literario: Lewis Carroll, el creador de la inmortal “Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas” (además de una serie de obras menos conocidas, pero igualmente interesantes, sobre el mundo de la lógica, en especial “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”). Recientemente, el director Tim Burton nos ha sorprendido con una peculiar adaptación del clásico infantil titulada igualmente “Alicia en el país de las maravillas” (Disney, EEUU 2010). Se trata de un interesante juego lógico plagado de acertijos y adivinanzas, en el que se utilizan las palabras de un modo peculiar para generar “razonamientos” de lo más “extraños”, a veces “contradictorios”, otras simplemente “absurdos”. Os dejo con el arranque de la película: la caída de Alicia “por la madriguera del conejo” y el encuentro con los gemelos Tweedledum y Tweedledee (tenéis ejemplos de sus “acertijos lógicos” en el libro de Raymond Smullyan titulado “¿Cómo se llama este libro?” que hemos comentado hace unos días). Una interesante historia para pasar un rato divertido.
Una versión igualmente sorprendente de la historia de Alicia la podemos encontramos en la enigmática “El laberinto del fauno” (Picasso, España, 2006) de Guillermo del Toro. Si bien los personajes y la historia son diferentes, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: como reconocer la diferencia entre la “realidad” y la “ficción” cuando nos enfrentamos a personajes que nos proponen acertijos lógicos que debemos resolver. Nuestra protagonista se sumerge en un mundo de fantasía atraído por un misterioso “fauno” en el que nada es lo que parece. También ella se encuentra con seres extraños que nos sugieren enrevesadas “proposiciones lógicas” que nuestra protagonista debe desentrañar con la ayuda de la lógica informal. Se nos muestran aquí algunas interesantes “paradojas lógicas” (enunciados aparentemente correctos que encierra una contradicción, al proponer un “círculo vicioso” que ataca nuestro “sentido común”). Aunque puedan parecer simples enredos o juegos de palabras sin importancia, en realidad las paradojas (al igual que la “aporías” y las “antinomias”) ponen en tela de juicio la “consistencia del lenguaje” y de los sistemas lógicos que los sustentan.
Para comprender mejor el sentido del “uso del lenguaje”, debemos primero aprender a detectar confusiones y errores, muy especialmente en la construcción de las “argumentaciones” (en la “forma” o “estructura” de las mismas). El filósofo Francisco Conde nos regala esta interesante tabla para hilar un “discurso vacío”: tomemos cualquier expresión de las casillas de la columna I y juntémosla sucesivamente con cualquier expresión de las casillas de las columnas II, III y IV. El resultado es un discurso “no argumentativo”, que parece dar razones de sus afirmaciones pero no lo hace. Se podría incluso repetir el ciclo de forma infinita, y el orador podría pasarse horas repitiendo frases que carecen por completo de “referencia”, o que poseen una referencia tan vaga e imprecisa que al final no se termina diciendo nada de nada.
I
II
III
IV
Queridos colegas
la realización de los deberes del programa
nos obliga al análisis
de las condiciones financieras y administrativas existentes
Por otra parte
la complejidad de los estudios de los dirigentes
cumple un rol esencial en la formación
de las directivas de desarrollo para el futuro
Asimismo
el aumento constante en calidad y en extensión de nuestra actividad
exige la precisión y la determinación
del sistema de participación general
Sin embargo, no olvidemos que
la estructura actual de la organización
ayuda a la preparación y a la realización
de las actitudes de los miembros de las organizaciones hacia sus deberes
De igual manera
el nuevo modelo de la actividad de la organización
garantiza la participación de un grupo importante en la formación
de nuevas proposiciones
La práctica de la vida cotidiana prueba que
el desarrollo continuo de nuevas formas de actividad
cumple deberes importantes en la determinación
de las directrices educativas en el sentido del progreso
No es indispensable argumentar el peso y el significado de estos problemas, ya que
la garantía constante, nuestra actividad de información y de propaganda
facilita la creación
del sistema de formación de cuadros que corresponda a las necesidades
Las experiencias ricas y diversas
el reforzamiento y desarrollo de las estructuras
obstaculizan la apreciación de la importancia
de las condiciones de las actividades apropiadas
El afán de organización, pero sobre todo
la consulta de los numerosos militantes
ofrece un ensayo interesante de verificación
del modelo de desarrollo
Los principios superiores ideológicos, así como
el inicio de la acción general de formación de actitudes
implica el proceso de reestructuración y de modernización
de las formas de acción
Recordad que los “lenguajes naturales” permiten la formación de “discursos” que presentan una referencia “muy vaga”, o que no pretenden tener ninguna referencia en absoluto, con lo que el lenguaje se está usando para finalidades que no tienen nada que ver con establecer argumentaciones (buen ejemplo de ello es el “lenguaje poético”). Por ello se impone la necesidad de generar “lenguajes artificiales” con los que poder estudiar con claridad y precisión la “argumentación” del discurso (y a esto es a lo que llamamos “lenguaje formal”). Estos lenguajes se caracterizan por representar la “forma lógica”, esto es, la “estructura” responsable de la formación de argumentaciones correctas, donde prevalece su carácter “sintáctico” (o nivel de formación de estructuras) y no su carácter “semántico” (o nivel de significación, de referencia al mundo).
Y un último y divertido entretenimiento para cerrar el artículo: ya que hablamos de acertijos lógicos, nada mejor que echarle un vistazo al conocidísimo juego lógico propuesto por Albert Einstein (1879 a 1955) a principios del pasado siglo. El propio autor predijo que el 98 por ciento de la población mundial sería incapaz de resolver este acertijo en menos de una hora. El acertijo dice así:
“Existen cinco casas pintadas de diferentes colores y en cada una de ellas vive una persona con una diferente nacionalidad. Los cinco dueños beben una determinada bebida, fuman una determinada marca de cigarrillos y tienen una determinada mascota. Ningún dueño tiene la misma mascota, fuma la misma marca de cigarrillos o bebe la misma bebida.” “La pregunta es: ¿quién tiene el pez?”
1. El británico vive en la casa roja.
2. El sueco tiene como mascota un perro.
3. El danés toma te.
4. La casa verde está a la izquierda de la casa blanca.
5. El dueño de la casa verde toma café.
6. La persona que fuma “Pall Mall” tiene un pájaro.
7. El dueño de la casa amarilla fuma “Dunhill”.
8. El que vive en la casa del centro toma leche.
9. El noruego vive en la primera casa.
10. La persona que fuma “Blends” vive junto a la que tiene un gato.
11. La persona que tiene un caballo vive junto a la que fuma “Dunhill”.
12. El que fuma “Blue Master” bebe cerveza.
13. El alemán fuma “Prince”.
14. El noruego vive junto a la casa azul.
15. El que fuma “Blends” tiene un vecino que toma agua.
Os prometí un último artículo sobre lógica, con lo difícil que es ilustrar este tipo de contenidos, pero se me ha ocurrido que tal vez os sea útil el arranque de la película “Los crímenes de Oxford” (Tornasol, España, 2008) del español Álex de la Iglesia, basada en la novela del escritor argentino Guillermo Martínez titulada “Crímenes imperceptibles", un más que interesante repaso a la "historia de las matemáticas" (entre crimen y crimen, dicho sea de paso, porque hablar solo de matemáticas hubiera sido un poco aburrido). El arranque de la película muestra a un viejo profesor oxoniense que parece un trasunto de Bertrand Russell (1872 a 1970), que junto a su colega vienés Ludwig Wittgenstein (1889 a 1951) desarrolló la llamada lógica simbólica, que tan ocupados nos ha tenido estas últimas semanas, que nos alecciona acerca de la “verdad”, o de su “búsqueda”, que es si cabe más interesante. El segundo, en su famoso “Tractatus logico-philosophicus”, compara la filosofía con una “escalera”, muy útil para hacernos llegar a la parte de arriba de cualquier lugar, pero completamente inútil una vez ha sido utilizada, porque no se incluía en ella ni una sola verdad.
Para conocer un poco mejor el pensamiento de este autor, nada mejor que acercarnos a la película que sobre él hizo el creativo, provocador y desconcertante director británico Derek Jarman bajo el título “Wittgenstein” (BFI, UK, 1993), y que nos permitirá introducir el tema de la lógica informal. Tras la publicación del “Tractatus”, Wittgenstein rompe con todo lo dicho con anterioridad (hasta el punto de que se suele hablar de un primer y un segundo Wittgenstein), y en su libro más celebrado de esta segunda etapa (“Investigaciones filosóficas”) insiste el filósofo vienés en que lo fundamental del lenguaje no es tanto la "búsqueda del sentido” (unido al “referente” o “significado” de cada palabra) sino su manejo práctico. Será precisamente este “uso del lenguaje”, que él entiende como un juego (de ahí su famosa expresión “juegos de lenguaje”), el que nos permite comprender lo que se dice o escribe en base a su "validez" o "invalidez" lógica. Para hacer esto es necesario renunciar al componente simbólico del lenguaje, por lo que esta forma de intentar comprenderlo se denomina lógica informal (por oposición a la lógica formal o simbólica).
Hemos visto varios ejemplos de lo que denominamos “argumentos erróneos”. Para completar este ejercicio, nada mejor que una pequeña muestra de lógica informal. He recogido en este enlace el vídeo completo de algunos de los mejores momentos que nos dejó el último "debate electoral" (si es que a esta desordenada profusión de despropósitos lingüísticos se le puede llamar realmente un "debate") entre Pedro Sánchez Pérez-Castejón y Alberto Núñez Feijóo. Ya que estamos debatiendo sobre lógica, dejaremos a un lado cualquier “contenido político” y nos centraremos en el uso de los “razonamientos” y, si las hubiese, “falacias” o “argumentos incorrectos” de los que hacen uso los dos contertulios por entonces candidatos a la presidencia del gobierno: y os garantizo que hay unos cuantos. Tratad de buscar un argumento "de autoridad", "semántico", “circular”, “ad hominen”, “ad baculum”… Lo bueno de la lógica es que, no sólo nos enseña a razonar correctamente, sino que nos permite jugar con el lenguaje y, de paso, divertirnos un rato.
Y una última recomendación para completar nuestros conocimientos sobre lógica: la lectura de un desconcertante texto de “acertijos” titulado “¿Cómo se llama este libro?” de Raymond Smullyan, que se puede obtener fácilmente en formato pdf (vosotros mismos podéis acceder a la descarga gratuita a través del enlace que os sugiero a continuación en la plataforma scribd.com). Y para animaros a leerlo, os muestro un ejemplo de lo que os encontraréis en este libro sorprendente y maravilloso, que es un conjunto de "adivinanzas y pasatiempos lógicos". En la reciente adaptación de la obra teatral del periodo isabelino “El mercader de Venecia” (Spice Factory 2004) realizada por Michael Radford, sobre el texto original del inmortal William Shakespeare (1562 a 1616) se plantea un interesante “dilema lógico” que se conoce como “Los cofres de Porcia” (seguid este enlace para conocer su solución), en el que un bravo pretendiente deberá mostrar su valía en el “arte del razonamiento” para conseguir la mano de la joven y ansiada Porcia, la soltera más codiciada de Venecia (a la que, por cierto, le agrada la idea de que su futuro marido sea un tipo inteligente… lo que a su vez parece algo “muy inteligente”).
Continuamos nuestro análisis de la lógica proposicional con el estudio del método de deducción natural. Recordemos que todo “razonamiento” es un argumento en el que, puestas ciertas proposiciones llamadas “premisas”, se sigue otra llamada “conclusión” en virtud de unas reglas fijas. El cálculo proposicional define todas estas reglas como “reglas de inferencia”, que nos sirven para razonar correctamente, esto es, para establecer “inferencias válidas”, que no serán “inmediatas” sino “mediatas”, pues la relación de “consecuencia” o “derivación” (├) exige la presencia de intermediarios que, en el curso de la argumentación, deben ser eliminados.
Una conclusión Q se deriva de un conjunto de premisas {P1, P2… Pn} cuando el "condicional" entre las premisas y la conclusión es una "tautología": {P1∧P2∧P3∧… ∧Pn} → Q, para lo que es necesario completar una “prueba formal de validez”. Existen tres tipos de razonamiento deductivo: la deducción “categórica” o “axiomática”, que sí garantiza la verdad de las premisas porque estas se toman como axiomas (verdades evidentes por sí mismas); la deducción “hipotética”, en la que se supone la verdad de las premisas, pero no se garantiza su validez, porque las premisas son meras hipótesis; y la deducción “indirecta” o por “reducción al absurdo”, que toma las premisas como falsas para sacar de ellas una contradicción (A∧¬A) que garantice que la premisa de partida era falsa, y por tanto su contradictoria será verdadera.
Vamos a desarrollar el cálculo proposicional no de forma axiomática, sino con razonamientos hipotéticos, forma de proceder que Gerhald Gentzen (1909 a 1945) denominó “deducción natural”, porque desarrolla los razonamientos de forma similar a como procedemos espontáneamente en el "razonar cotidiano". Partiremos de unas premisas para demostrar una determinada conclusión, por lo que la verdad de las premisas no estará garantizada, y deberemos cerciorarnos de que “no es inconsistente”. Un razonamiento es inconsistente si no es posible asignar "valor de verdad" conjuntamente a todas y cada una de las premisas que lo integran: prescindimos de la conclusión Q y nos centramos en las premisas a objeto de lograr que {P1∧P2∧P3∧… ∧ Pn} = 1. Si el razonamiento no es inconsistente, puede ser "validado" (o "invalidado") por una “demostración formal”.
Las “reglas de inferencia” se escriben en una "columna" y en ellas las premisas y la conclusión se hallan separadas por una "raya horizontal", que simboliza la “relación de consecuencia”. Algunas reglas separan con dos rayas horizontales, que simbolizan la relación de equivalencia. Gentzen eligió como “primitivas” las reglas de “introducción” y “eliminación” de la “conjunción”, la “disyunción”, el “condicional” y la “negación” y a partir de ellas generó todas las demás reglas “derivadas”. En los vídeos que acompañan este artículo proponemos distintos ejemplos para trabajar el método deductivo, e incluimos también un acercamiento detallado a las reglas más utilizadas.
Por si alguno o alguna no comprenden todavía muy bien en qué consiste el "método de resolución lógica" llamado “tablas de verdad”, os adjunto una serie de tutoriales para que podáis practicar un poco más. El primero de ellos explica de forma muy clara qué es una "tabla de verdad", mientras que en los dos siguientes son una interesante aportación el profesor de matemáticas colombiano Julio Rios Cali, que nos enseña paso a paso y de forma amena y sencilla como "construir tablas de verdad" con las cuatro "conectivas" básicas: "conjunción", "disyunción", "condicional" y "bicondicional" (podéis consultar su blog simplemente tecleando en este enlace). Y para muestra un ejemplo:
Y para divertirnos un poco, aquí tenéis un vídeo muy interesante en el que se os enseña a “calcular una multiplicación” por medio de un método completamente diferente al habitual, aunque seguramente mucho más divertido. Podéis practicarlo vosotros mismos, para comprobar como las "ciencias exactas" funcionan de forma perfecta a la hora de establecer “cálculos deductivos válidos”, independientemente de la metodología empleada, puesto que los distintos "métodos" utilizados para el "cálculo" (en este caso la multiplicación) son “isomorfos”, responden a las mismas pautas epistemológicas, algo que veremos al comparar las "tablas de verdad" con las "deducciones naturales".
La construcción de todo "lenguaje simbólico" es especialmente compleja. Hemos comentado ya las diferencias entre “signo” y “símbolo”, a la par que afirmábamos que el "lenguaje humano" es marcadamente simbólico, y debemos precisar esto. Cuando hablamos de signos nos referimos a elementos compuestos por un “significante” y un “significado”, pero para construir un "lenguaje formal" debemos deshacernos de los significados, renunciar a la “semántica” en favor exclusivamente de la “sintáctica” (eliminar el contenido material de los signos y quedarnos únicamente con su “forma” o “estructura”). ¿Qué nos queda entonces? ¿El significante? Si es así, este significante pasa a ser considerado como “símbolo”, y el lenguaje que construimos con él (la lógica y las matemáticas) será un lenguaje formal y no material, esto es, un lenguaje simbólico y no natural.
El vídeo que abre nuestro artículo, extraído de la película “El código Da Vinci” (Columbia 2006) de Ron Howard, según el polémico texto del británico Dan Brown, arranca con una interesante conferencia a cargo del profesor Robert Langdon (Tom Hanks) sobre el uso de los signos. Es curioso comprobar como la audiencia responde ante un "tridente" (que identifica “el mal” en la figura de Satanás) portado por Poseidón, o ante una "caperuza" (que se suele asociar al “racismo” propio del Ku Klux Klan) de un penitente sevillano durante la Semana Santa. Llama aún más la atención el análisis que el profesor hace de la cruz “esvástica” (en sánscrito: “suastika”, que se podría traducir por “¡salud!”), ampliamente utilizada en la antigüedad, en especial en la cultura egipcia, pero que se relaciona directamente con el III Reich de Adolph Hitler y que es el símbolo más evidente de la ideología “nazi” (en tanto resume en una sola imagen la totalidad de su pensamiento y lo hace claramente identificable).
Un buen ejemplo de símbolo lo tenemos en el término XP (que la tecnología no me permite unir, aunque deberíamos escribir ambas letras superpuestas). Quizá muchos penséis que se trata de las letras latinas “X" y “P”, pero en realidad se trata de las letras griegas “Χ χ Ji” (que equivale a la española “Ch”) y “Ρ ρ Ro” (que equivale a la española “R”). Se trata de las dos primeras letras de la palabra "Cristo" (véase Jesús de Nazaret) término que proviene del griego “jristós” (“χριστoς”). Por tanto, los signos “XP” no remiten tanto a la figura “material” de un individuo nacido en Nazaret hace dos milenios, sino que combinados pasan a ser un símbolo que identifica a “Jesucristo” (esto es, a “Dios”, en tanto que idea). Lo que tenemos aquí es un uso adecuado de un símbolo para representar “otra realidad” distinta de la meramente “designada” por el signo lingüístico utilizado.
El lenguaje hace uso de signos en tanto que símbolos para componer un “universo simbólico” que comúnmente llamamos “mundo”. Es éste un instrumento imprescindible para hacernos con la realidad, porque contribuye en gran medida a “dotar de sentido” a los objetos de nuestro entorno y a nuestras propias vivencias. Nunca encontramos un objeto aislado de otras cosas, ni vivimos un acontecimiento separado de todos los demás, del mismo modo que no encontramos nunca una palabra ni un símbolo aislados. Para comprobar esto, hacemos el siguiente ejercicio: en el segundo vídeo nos encontramos con un teclado en el que se va “deletreando” la definición de “comunicación”… Curiosamente, al ver únicamente símbolos aislados, nos cuesta "darle un sentido", y solo cuando hacemos el esfuerzo metal de "unirlos unos con otros" comienzan a tener "significado".
También el "arte" ofrece esta posibilidad de jugar con los símbolos para generar significado. A continuación os muestro un interesante documental sobre Pablo Picasso (1881 a 1973), en el que podemos ver al genial pintor en plena "efervescencia creativa". Juega el autor con distintos "símbolos", bien conocidos por todos (como la “paloma”, que identifica la paz, o bien el “toro” como imagen del poder y la fuerza, y que con todas sus connotaciones trágicas suele identificar a España). También resultan interesantes otros usos de los símbolos en el arte, como este enlace que os ofrezco, y que nos enseña algunas de las claves del "lenguaje audiovisual". Y para los curiosos que queréis aprender un poco sobre el mundo de los sordos (y para entender también a Hellen Keller y Ann Sullivan), también os dejo una pequeña introducción a algunos de los signos más comunes del "lenguaje de señas" (podéis completar vosotros mismos vuestro aprendizaje sobre el tema con los vídeos anexos).
Algunas consideraciones acerca de la "comunicación" y el "lenguaje", antes de adentrarnos en el mundo de la "lógica simbólica". Estamos tratando estos días el concepto de “signo”. Recordemos una vez más la definición que nos proporciona el pragmatista americano Charles Sanders Peirce (1839 a 1914): “un signo es algo que representa otro algo para alguien”; por ejemplo, la palabra la palabra “árbol” (algo) representa el objeto “árbol” (otro algo) para todos los que entiendan el idioma español (alguien). Por su parte, el estructuralista francés Ferdinand de Saussure (1859 a 1913) incide en la misma idea al definir “signo lingüístico” como la unión de un “significante” (la imagen acústica, la palabra escrita o signada de algún modo) y un “significado” (el concepto pensado, aquello a lo que hace referencia el signo, lo que queremos expresar); entre ambos, significante y significado, se establece una relación de tipo convencional que llamamos “significación” o “sentido”.
Por otro lado, hay "signos" que nos remiten a "otro significado" ulterior, que está en parte manifiesto y en parte oculto en su significación inmediata: se trata de los “símbolos”, entendidos como “signos que significan un objeto que, a su vez, significa otra realidad”; por ejemplo, la palabra “paloma” designa a un tipo concreto de ave, que a su vez identifica otra realidad, en este caso la “paz”. La relación del signo con el objeto simbolizado es no solo "convencional", sino también "cultural y social". Y es en virtud de esta relación simbólica que el “mundo” se nos presenta poblado de símbolos que remiten, más allá de los puros hechos, a una significación simbólica: las cosas, los fenómenos y los acontecimientos se nos convierten en “mensajes cargados de sentido". El lenguaje es así el instrumento imprescindible para “hacernos con la realidad”, porque contribuye en gran medida a dotar de sentido a los objetos de nuestro entorno y a nuestras propias vivencias: los objetos y las vivencias son tales en la medida que “los nombramos”, que los expresamos mediante símbolos.
Para ejemplificar esto hemos seleccionado un pasaje de la renombrada película “El pequeño salvaje” (Les Films du Carrosse, Francia, 1969) de François Truffaut, que nos adentra en la singular vida del joven Víctor de Aveyron(Jean-Pierre Cargol), uno de los llamados “niños salvajes”. La película se centra (que podéis visionar completa en este enlace) en los esfuerzos del médico francés Jean Marc Gaspard Itard (interpretado por el propio Truffaut) por educar al joven Víctor en la comprensión de un lenguaje que le permita "comunicarse con los demás", pedir las cosas que desea o mostrar a través de signos orales sus propios sentimientos. Itard, tras profundizar en nociones básicas sobre el espacio (cuerpos, áreas, volúmenes…) le enseña al joven el "alfabeto", que él reproduce intuitivamente, sin comprenderlo, y es reeducado para hacer un esfuerzo de mejora en este sentido. Poco a poco, aprende a relacionar cada "signo" con su "significado" (y no solo eso, también cada "fonema" con su "morfema", desarrollando lo que conocemos como “lenguaje doblemente articulado”). El joven Víctor finalmente comprende el sentido de los signos al visitar a una familia amiga y pronunciar la palabra “leche” para solicitar que le sirvan un rico tazón de su bebida favorita.
Otro notable ejemplo del empleo de los signos lo encontramos en la película “El milagro de Ana Sullivan” (MGM, EEUU, 1962) de Arthur Penn, un magnífico duelo interpretativo entre Helen Keller (Patty Duke) una chica ciega, sorda y muda, y Anne Sullivan (Anne Bancroft), la joven institutriz que intenta educarla (para ver la historia completa basta seguir este enlace). Aunque al principio la profesora debe centra sus esfuerzos en enseñar "modales" a la joven, que ha sido criada bajo el consentimiento paterno y hace todo lo que le apetece (desde tirar objetos hasta comer con las manos), el interés de Anne no es otro que "comunicarse" con la pequeña, y conseguir que ella se comunique igualmente, y a tal efecto desarrolla un "método de enseñanza" basado en "signos táctiles", que la profesora ejecuta con sus manos sobre la palma de aquella. El problema es que Hellen repite los signos de forma mimética, no comprensiva, esto es, sin darles significado: no es capaz de "asignar a cada signo un objeto de la realidad", puesto que es incapaz de entender que los signos no son objetos, sino "signos”, esto es, artificios lingüísticos que “designan” objetos del mundo real.
La propia Anne repite a la niña (sin que esta pueda oírla): “si tan solo pudiera hacerte comprender que cada gesto de mis manos es una palabra” (por tanto, no la propia realidad, sino sólo algo que nos permite hablar de ella, “representarla”). Finalmente, en la última escena de la película, Hellen comprende. Y curiosamente, lo hace gracias a que aún recuerda su "primera palabra hablada" (justa antes de que perdiese el oído, y con ello la voz), y la repite justo en el momento en que entra en contacto con ese objeto: “agua”. Para ello ha tenido que partir de los "datos de la experiencia", pero a la vez ha sido capaz de "conceptualizarlos". Es entonces cuando Hellen finalmente comprende “qué es el agua”: sólo cuando “entiende el concepto”, cuando es capaz de “nombrarlo”, puede “reconstruir” el objeto que tiene delante "desde el lenguaje", darle significado (y a partir de ahí construir otros enunciados: “el agua moja”, “el agua está fría”, etc.). Un notable ejercicio de coraje el que vemos en la joven Hellen, y en su decidida maestra, que bien podría inspirarnos a todos. En palabras de Immanuel Kant (1724 a 1804): “sapere aude” (“atrévete a saber”).