sábado, 16 de octubre de 2021

Matrix y la alegoría de la caverna


     Vamos a intentar trabajar la famosa "alegoría de la caverna" de Platón (427 a 347 a.n.e.), presente en el "Libro VII" de “La República”, a través de la película “The Matrix” (Warner Bros 1999), de los entonces hermanos Larry y Andy Wachowski (ahora hermanas Lana y Lilly Wachowski). Os recuerdo que existen muchas otras películas que nos permiten recrear la escena planteada por Platón, que ha sido siempre un referente fílmico importante en muchos autores contemporáneos: por ejemplo, "La rosa púrpura de El Cairo" (Orion 1985) de Woody Allen; “El show de Truman” (Paramount 1998) de Peter Weir; “THX-1138” (WB 1969), la primera y singular película de George Lucas, o la más reciente “La Isla” (WB 2005) de Michael Bay. También podemos repasar el texto platónico completo en la página de Webdianoia, comprobar su simbología gracias a la interpretación que se nos ofrece en Torre de Babel, o bien echarle un vistazo a esta explicación gráfica colgada en el portal Youtube.

     Aquí recreamos el momento en el que Neo (Keanu Reeves) despierta por vez primera y se da cuenta del “engaño” al que ha estado sometido desde su nacimiento. La similitud con el mito es manifiesta: Neo está "encadenado", presa de un artificio perpetrado por las máquinas, y cuando rompe sus cadenas puede “contemplar el mundo tal cual es”, comenzar a "ascender en el conocimiento" en busca de las “Ideas” (ἰδέα). Una grúa le alza desde la cloaca en que se encuentra hacia la luz, y lo primero que oye es la famosa frase que dio notoriedad a la película: "Bienvenido al mundo real". Es llamativo también que le duelan los ojos al contacto con la luz (puesto que los está utilizando por primera vez) y que, tras la escena en el "constructor" se niegue a aceptar la verdad: "No, esto no es verdad. No creo en vosotros. Dejadme en paz". Merece la pena verlo para poder comprobar hasta que punto los hermanos Wachowski han seguido el texto de Platón con una fidelidad más que notable. Esta recreación nos permite un interesante comentario sobre el mito, que se deja analizar fundamentalmente como un “pluralismo gnoseológico”.

     Efectivamente, podemos comprobar que la alegoría de la caverna nos propone dos escenarios: el de la “doxa” u “opinión” (δόξα) y el de la “episteme” o “ciencia” (ἐπιστήμη), cada uno de los cuales se halla a su vez dividido en otros dos escenarios. En el momento mismo en el que, como Neo, descubrimos el mecanismo del engaño, la “imaginación” o “conjetura” (εἰκασία), que identificamos con las “sombras”, deja de tener valor para nosotros, y este será el primer paso en el camino para alcanzar el “verdadero conocimiento” de la “realidad en sí”, que nos obligará a pasar por encima de la “creencia” o “fe” (πίστις), que son los “objetos” que proyectan las sombras, y que tampoco nos dirán nada sobre cómo es verdaderamente el mundo.

     Por eso se inicia un “proceso de ascenso” para salir de la cueva. Pero la realidad no puede ser captada “a primera vista”, porque nos encontramos acostumbrados a las condiciones de oscuridad de la caverna, y el primer contacto con la luz es doloroso, ya que es imposible “mirar al sol directamente”, y deberemos empezar por mirar los objetos por la noche o bien reflejados en lagos o estanques, esto es, bajo “hipótesis”, lo que hacemos con el “pensamiento” o “razón discursiva” (διάνοια); solo cuando nuestros ojos se hayan acostumbrado plenamente a la luz, podremos “mirar la realidad tal y como es”, mediante la “inteligencia” o “razón intuitiva” (νόησις).

     La "dialéctica" se nos presenta ahora como un camino de ida cognitiva (“regressus”) y de vuelta práctica (“progressus”). El primero consiste en una “destrucción de las evidencias sensibles” (“eikasía”), que solo nos proporcionan sombras (imágenes falsas), y en una “trituración de las opiniones y creencias” (“pístis”), que el descubrimiento de estas imágenes inanimadas nos provocan. Pero consiste también en remontar o superar a través del “conocimiento discursivo” (“dianoia”) las propias hipótesis en las que se fundan las ciencias de las que nos servimos para escalar la escarpada pendiente que conduce a la luz. Platón nos precisa las ciencias que jalonan este ascenso, a saber: “la aritmética y la ciencia del cálculo, que tienen por objeto el numero: la geometría plana y la estereometría o geometría de los cuerpos sólidos, la astronomía y la música”. Tras ella se consuma el momento teórico o cognoscitivo de la dialéctica, pues se está ya en disposición de ascender “solo mediante la razón hasta la esencia de las cosas”. Platón solo reconoce como verdadera ciencia el “conocimiento intelectivo” (“nóesis”) de las “esencias”, “formas” o “Ideas”.

     El momento práctico del método dialéctico, el “progressus”, la “vuelta a la caverna”, a la vida política y moral, tiene como objetivo instaurar “una sociedad más justa y más feliz”. Es el trabajo que se encomienda a los “filósofos”: el retorno a la oscuridad para enseñar a los que aún permanecen allí que “otro camino es posible para acceder a la verdad”, y que es necesario renunciar a la “apariencia” para buscar la “verdadera realidad”, que son las Ideas. Os propongo finalizar este repaso al mito platónico recuperando el momento final de la película que hemos analizado, cuando Neo, consciente de lo que ha llegado a conocer, se dirige a los demás hombres encadenados (es decir, a todos nosotros, que “vivimos en la ignorancia”) para decirles que otro mundo es posible, un mundo sin máquinas, esto es, sin engaños. Para trabajar un poco más esta temática convendría revisar además el artículo “El engaño, el progreso y el regreso” en esta misma bitácora (en la etiqueta de Filosofía).

miércoles, 13 de octubre de 2021

Breve introducción a la psicología

     Iniciamos el estudio de la materia de Psicología de 2º de bachillerato con este pequeño artículo en el que vamos a ofrecer una serie de enlaces para facilitar el desarrollo de la asignatura. Comenzamos con una primera aproximación al término “psicología” a través de dos enlaces interesantes, el primero extraído de la archiconocida Wikipedia y el segundo de la página web Concepto. También es interesante acercarse por Psicología y mente (una página que visitaremos en el futuro de forma regular). Y para aquellos de vosotros que habéis mostrado interés en hacer el Grado de Psicología en la Universidad de Oviedo, nada mejor que un pequeño viaje virtual por esta facultad.

Los 5 métodos de estudio más comunes en psicología

     En segundo lugar, una referencia a un artículo que tuvimos ocasión de ver en clase al comentar los distintos métodos utilizados por los psicólogos, desde el "método correlacional", pasando por el "método descriptivo", hasta el "método experimental", que tanto interés suscitó en el aula. Os propongo que reviséis por vuestra cuenta este enlace a “diez experimentos perturbadores”, que comenta todos estos interesantes (y en ocasiones realmente salvajes) experimentos llevados a cabo por la comunidad científica entre los años 50 y 80 del pasado siglo, todos ellos acompañados de un amplio comentario y de vídeos explicativos.

Los 10 experimentos más perturbadores de la historia de la psicología

     Para amenizar este artículo, os introduzco dos vídeos extraídos de YouTube que espero os resulten interesantes. En primero lugar, una reflexión inicial sobre el significado de este campo de estudio: “¿Qué es la psicología?”, a qué se dedica, cuáles son sus intereses y objetivos, qué metodología utiliza. En segundo lugar, un breve repaso a la “Historia de la psicología”, desde los primeros balbuceos de la materia en la filosofía griega hasta la aparición de la psicología propiamente dicha, en tanto que disciplina científica, con el análisis de las primeras escuelas y de las corrientes más relevantes y populares a lo largo de los últimos años. Espero que lo disfrutéis.

martes, 12 de octubre de 2021

¿Qué es esa cosa llamada filosofía?

 

     Este es un primer artículo para mis alumnos de Filosofía de 1º de bachillerato, en el que trato de poneros al tanto de la nueva materia, a la que os enfrentáis por primera vez, con una serie de enlaces útiles que espero os ayuden a dar comienzo a vuestro trabajo. Comenzamos con una pequeña reflexión del filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel, que en el prólogo a su conocida “Principios de la filosofía del derecho” nos introduce el mito de la “lechuza de Minerva” (teclead el enlace previo para conocer a fondo esta historia), pintoresco animal nocturno que acompaña siempre a Atenea, diosa griega de la sabiduría conocida entre los romanos por el nombre de Minerva, y que ha pasado a convertirse en “símbolo de la filosofía”:

     “Es insensato creer que alguna filosofía se puede anticipar al mundo presente. Cuando dice una palabra sobre la teoría que explica cómo ha de ser el mundo, la filosofía siempre llega demasiado tarde: como pensar sobre el mundo, surge en el tiempo, después de que la realidad ha cumplido su proceso de formación y se halla realizada. Cuando la filosofía pinta al claroscuro un aspecto de la vida, ya envejecido y en la penumbra, no puede ser rejuvenecido, sino tan solo reconocido: la lechuza de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo”.

G.W.F.Hegel, “Principios de la filosofía del derecho” (Edhasa, Barcelona, 1999)


     Si lo que nos interesa es buscar materiales en la red, aquí os he seleccionado algunos enlaces interesantes. En primer lugar, el acceso a dos "wikis" especialmente atractivas: la archiconocida Wikipedia (que nos ofrece una primera definición del término y nos comenta las principales disciplinas filosóficas) y la igualmente útil Wikillerato, en la que podéis seleccionar la materia de estudio y consultar algunos de los muchos materiales sobre filosofía que sus autores nos ofrecen. En segundo lugar, las propuestas del MEC (Ministerio de Educación), en su Área de filosofía, así como la página Filosofía para principiantes, que nos ofrece un interesante listado de libros, convenientemente comentados, que nos pueden acercar al estudio de la disciplina.

     Acompañan al artículo dos vídeos que tratan de aclararnos por qué y para qué surge la filosofía. De un lado, una pequeña charla informal con mi viejo y añorado maestro, el filósofo Gustavo Bueno, que trata de respondernos con su rigor habitual a la pregunta por el origen y función de la filosofía dentro del conocimiento humano, en cuanto opuesta a otras formas de conocimiento posibles, como el arte, la religión, la técnica o la ciencia. De otro lado, los valiosos comentarios del inefable profesor argentino José Pablo Feinmann, que en su excelente programa televisivo “Filosofía aquí y ahora” (accesible a través de YouTube) nos hace un pequeño análisis de la necesidad de la filosofía como herramienta de indagación de la realidad con su habitual desparpajo e ironía. Espero que los disfrutéis.

sábado, 9 de octubre de 2021

La muerte de un ciudadano ateniense

     Hace unos años, un buen amigo mío, el escritor gijonés Ricardo Menéndez Salmón, publicó una obra de teatro sorprendente y maravillosa titulada "Las apologías de Sócrates" (CCPA Oviedo 1999), en la que, muy a la manera platónica, jugaba anacrónicamente con el juicio de Sócrates, fabulando con la posibilidad de que el evento pudiera seguirse por televisión como si de un programa de actualidad se tratase, con cámaras y periodistas informando al pie del juzgado. Cuál sería mi sorpresa cuando, documentándome para escribir este artículo, me encuentro con esta inesperada escena de la película "El mundo de Sofía" (Kjell Vassdal 1999) de Erik Gustavson (adaptación de la novela homónima de Jostein Gaarder) en la que la joven protagonista, Sofía (Silje Storsteinasiste atónita al juicio de Sócrates, que es comentado por un periodista (de nombre Alberto, que casualidad) que se introduce en la escena y va desvelando los acontecimientos. Interesante juego que os ofrezco en versión original subtitulada y que no os debéis perder, pues es realmente emocionante. En el enlace que sigue tenéis el texto completo de la “Apología de Sócrates” de Platón por cortesía de Ama Audiolibros.

Platón de Atenas, “Apología de Sócrates” (audiolibro)

     Es bien conocida la frase de Sócrates: “No dejaré de filosofar y de exhortaros para que encaminéis vuestra vida no a la riqueza, la fama y los honores, sino a la inteligencia, la verdad y el mejor bien del alma”. El “método dialéctico” desarrollado por el gran maestro es un arma terrorífica que resulta realmente novedosa y revolucionaria para la Atenas de la época, y nuestro filósofo la utiliza incluso en los momentos más comprometidos, como en su propia apología ante el tribunal ateniense que lo acusa de “asebeia” (ἀσέβεια) conforme a tres terribles cargos que el bueno de Sócrates trata de desmantelar con palabras. Pero como sabéis, "el más sabio y virtuoso de los ciudadanos atenienses" (en palabras de Platón) fue condenado a muerte, y en lugar de huir de su ciudad, prefirió “aceptar la sentencia” y “beber la cicuta”: prefirió morir en defensa de sus ideas a vivir de forma deshonesta. Para él, la muerte no era la peor de las opciones, y en general para todo griego era preferible al “ostracismo” (ὀστρακισμός). Y para muestra un botón: fijaos lo que le pasó al pobre Gollum (Andy Serkis), el trágico personaje de “El señor de los anillos: El retorno del rey” (Wingnut Films 2003) de Peter Jackson, basado en el clásico de la literatura fantástica de John Ronald Reuel Tolkien.

viernes, 8 de octubre de 2021

¡ House pedagogo !

 

     Uno de los personajes de ficción más interesantes de los últimos años es sin duda el doctor Gregory House (Hugh Laurie) protagonista de la serie televisiva “House M.D.” (NBC 2004) del creador David Shore, y buena parte de su atractivo se debe a sus inefables métodos. Se trata, en mi opinión, de un trasunto del viejo Sócrates (470 a 399 a.n.e.), un tipo mordaz, elocuente y socarrón apodado el "tábano de Atenas" que utiliza su elegante “ironía” para enfatizar la ignorancia (la suya y la de los demás) y que en todo momento se deja llevar por el "diálogo". El doctor House propone como método el "diagnóstico diferencial", que es una manera técnica de decir: "No sabemos que le pasa al paciente, pero en vista de que tiene estos síntomas, ¿cuál creéis que puede ser su dolencia?". A partir de ahí, surgen las ideas sobre las posibles enfermedades que puedan afectar al paciente. Por cierto, una buena forma de revisar en qué consiste el “método hipotético deductivo” que estudiasteis el año pasado en esta misma materia. La clave está en que las ideas "salgan por medio del diálogo", que se muestren por sí mismas en el proceso de la “mayéutica” (μαιευτικη´). House, el arisco, el desagradable, el antisocial, acaba siempre por resolver el problema porque pide a sus ayudantes colaboración, porque les muestra el "camino", el "méthodos"(μέθοδος).


     Sócrates parte del conocimiento que tiene cada persona; no hay que enseñarles cosas, sino ayudarles a “descubrir la verdad”, ya que ésta se encuentra “en su propio interior”. Sigue aquí la conocida máxima inscrita en la entrada del Oráculo de Delfos: «Conócete a ti mismo». Su manera de enseñar es realmente peculiar, original y revolucionaria; no se trata de transmitir una "doctrina" (que él no tiene o afirma no tener), sino de transmitir su modo de "hacer filosofar" a sus discípulos. Su “método dialéctico” en tres momentos (la “ironía”, la “mayéutica” y la “definición”) nos permite alcanzar una verdad absoluta y universal sobre un tema concreto, siempre apoyados en el diálogo, en la cooperación con el otro. Porque como dice el propio Sócrates: “Una vida no reflexionada no merece la pena ser vivida”. Una tesis que no tiene nada de teórica y sí mucho de práctica, pues si "la virtud se identifica con el saber", como afirma Sócrates, el que sabe actuará siempre conforme a la virtud, y por lo tanto será virtuoso, mientras que el que obra mal no lo hará por maldad sino por mera ignorancia. En otras palabras: “el entendimiento determina a la voluntad”, y si “conozco el bien”, no me queda más remedio que “quererlo” y “practicarlo”.

jueves, 7 de octubre de 2021

Alejandro recibe lecciones sofísticas

 

     Aunque la película "Alejandro Magno" (Tripictures 2005) de Oliver Stone se centra en la vida y conquistas del rey macedonio, el arranque del film puede sernos útil para ejemplificar el modo de vida ateniense en el siglo V a.n.e. (recordemos que tanto Alejandro como su maestro Aristóteles viven en el siglo IV). Podemos ver la confrontación entre dos “modos de pensar” muy habituales en esta época: de un lado, las “charlas informales” que el joven Alejandro mantiene con su padre, el rey Filipo II de Macedonia; del otro, las “clases regladas” en las que participa, acompañado por los hijos de la nobleza local, a cargo del filósofo Aristóteles.

     En una escena verdaderamente siniestra, Filipo invita a su hijo a visitar una gruta, en cuyas paredes se recrean “acontecimientos míticos” con Prometéo, Heracles y Aquiles como protagonistas. El rey alecciona a su hijo sobre “el valor y la virtud” desde una perspectiva tradicional, "bárbara" (los macedonios no eran considerados griegos: aunque tendían a imitarlos, su cultura era mucho más arcaica) pero también sobre política, con importantes consejos sobre el “ejercicio del gobierno” (insiste en el pasado de su hijo: recordemos que los sofistas eran, entre otras cosas, "logógrafos" (λογογράφος) y que algunas de sus clases se centraban en repasar el "árbol genealógico" del alumno, su "linaje"). Aristóteles se comporta, sin embargo, y a pesar de la diferencia temporal (espero que se me permita el anacronismo) como un verdadero “sophistés” (σοφιστές): comienza la escena con una lección de “geografía” (muy propia de los profesionales de la educación de la época) para avanzar poco a poco hacia el estudio de la “virtud” (en este caso, la reflexión sobre el amor).


     Las palabras del Filósofo son significativas: Aristóteles desacredita a Filipo y a toda la tradición que representa, “niega los mitos” y “ensalza la razón”, y su uso en la búsqueda de la “virtud”. Hay también un ligero toque de Sócrates en el uso de la palabra: la lección de geografía es un “monólogo” del maestro, pero sobre virtud es mejor razonar a través de “preguntas y respuestas”, esto es, mediante el “diálogo”. Recordar que estas diferencias entre el pensamiento de los sofistas y el de Sócrates son muy significativas: la "arethé" (ἀρετή), “excelencia”, era para los sofistas un "don" propio de los nobles (los "aristós", los mejores en virtud y sabiduría) mientras que para Sócrates era una cualidad propia de “todo ser humano”, con independencia de su nacimiento o condición (incluso de su "género": recordemos que Platón proponía que debía educarse por igual a “hombres y mujeres”, ya que ambos podían ser “igualmente virtuosos”, una forma de pensar no muy extendida por aquel entonces).

     Aristóteles enseña no sólo a Alejandro, sino también al resto de hijos de los nobles macedonios, los "aristós" (los que luego serán sus generales en el campo de batalla, entre ellos Ptolomeo I Sóter, que se asentará en Alejandría y fundará el famoso Museo, y que en nuestra película es quien lleva la narración). Quizá por eso se comporta más como un “sofista”, un “educador de virtud”. Pero lo que debe llamarnos verdaderamente la atención es el uso que Alejandro hace de las enseñanzas de su maestro, que se revelan de forma clara en la siguiente escena de la película, la "doma de Bucéfalo", cuando el niño aparta de sí los pensamientos míticos ("es el dios Apolo") en favor de la razón ("es sólo un truco"). Una notable manera de aplicar la metodología filosófica al ámbito de la vida cotidiana, y ganarse así la confianza de los demás, que tanta falta le hará al joven príncipe en su futuro político.

miércoles, 6 de octubre de 2021

Hacer política... hacer ciudad

     La filosofía griega en general, y la sofística” en particular, solo pudieron haber surgido en la "polis" (πόλις), por eso los “sofistas” desarrollarán una filosofía de carácter “político” (πολιτικά) en el sentido etimológico del término (“dedicarse a los asuntos propios de la ciudad”, es decir, cooperar con los demás para “hacer ciudad”). Únicamente podemos entender este movimiento si antes entendemos cómo eran las ciudades griegas de aquel tiempo, ya que “polis” en griego no significa simplemente “ciudad”, es también un “Estado”. Una “ciudad-Estado” griega estaba habitada en el siglo V a.n.e. por tres tipos de personas: los “esclavos” (δούλοι), que no eran ciudadanos (de hecho, ni siquiera se los consideraba como “seres humanos”) y por tanto no tenían derechos políticos; los “metecos” (μετέκος), que eran residentes libres extranjeros pero que carecían de derechos (no podían votar, ni heredar, ni tener posesiones a su nombre); y finalmente los “ciudadanos” (πολίτες), residentes libres nacidos en la ciudad (excluidas las mujeres y los menores), que eran los que participaban en el “gobierno democrático” y tenían todos los “derechos de ciudadanía”. En una ciudad como Atenas, de alrededor de 200.000 habitantes, apenas 30.000 varones adultos (quizá menos) eran considerados ciudadanos.

     La forma de gobierno ateniense es la “democracia” (δημοκρατία) pero este régimen político era muy diferente al de los Estados actuales, pues la nuestra es una democracia “representativa”, mientras que aquella era “directa” o “asamblearia”. La sociedad griega se organizaba en “familias” que se agrupaban en “fratias” o “clanes”, y éstas a su vez en “tribus”; solamente si podías inscribirte en tu correspondiente “distrito” o “demo” (δημο) podías hacer “política” (πολιτικός), que es algo más que lo que hoy entendemos con esta palabra, pues no era solo “gobernar o administrar la ciudad” desde un cargo público, sino que era, sobre todo, “participar en las instituciones”, asistir a la “asamblea”, involucrarse en la “administración de justicia” y coger las armas para “defender la patria” llegado el caso. Hasta el siglo V a.n.e. los ciudadanos estaban tan integrados en la ciudad que no tendría sentido para ellos vivir fuera de ella. El filósofo alemán Hegel llego a afirmar que en esta época "se logró la libertad más bella que ha existido", pues la voluntad del individuo se identificaba con la voluntad colectiva. Pero el movimiento propiciado por los sofistas y por Sócrates romperá definitivamente esta identificación y hará que surjan el “individualismo” y la "subjetividad".


     Atenas es sin duda la ciudad idónea para hacer filosofía, y a ella arribarán multitud de jóvenes pensadores. De hecho, muy pocos sofistas eran oriundos atenienses (tan solo Antifonte y Critias), todos los demás eran “extranjeros” en la gran ciudad: Protágoras era de Abdera, Gorgias de Leontinos, Pródico de Ceos, Hipias de Elide, Trasímaco de Calcedonia... El esplendor económico y cultural, las condiciones políticas de libertad e igualdad, desde la “isonomía” (ἰσονομία) o “igualdad ante la ley” hasta la “isegoría” (ισογονία) o “igualdad en el uso público de la palabra”, demandan una filosofía diferente a la de las colonias, tanto por su “temática” como por su “método”. Los sofistas vienen a satisfacer esta nueva demanda de formación, propia de Atenas más que de otras ciudades, centrada no en la especulación sobre la “naturaleza” sino en algo mucho más práctico y urgente: los “asuntos públicos”. Se debe resaltar la importancia que tiene en este nuevo sistema democrático el uso de la “palabra” y del “razonamiento” para la defensa de las propias posiciones e intereses a partir de la “argumentación pública”, y los sofistas declararán abiertamente su capacidad para cubrir estas necesidades, para enseñar las habilidades que se precisan para el triunfo social y político.

     Es ya un tópico considerar este cambio de orientación de los intereses especulativos griegos con el nombre de “giro antropológico”: si con los presocráticos el objeto de investigación era la “physis”, ahora tanto los sofistas como Sócrates van a dirigir su atención a temas de carácter político, ético y lingüístico. No obstante, Heráclito y Demócrito ya se habían ocupado de temas de ética y política, y los poetas, comediógrafos y trágicos habías esbozado algunos de estos problemas humanísticos desde Homero y Hesíodo. Luego efectivamente hay un “giro”, pero nunca un “corte” ni una “discontinuidad” entre un pensamiento y otro. No obstante, ¿cuáles son las causas de este giro? Algunos historiadores sostienen que la filosofía presocrática se había extraviado en multitud de teorías tan dispares y contradictorias que habrían hecho caer a los filósofos en el "escepticismo". Pero es más probable que las causas de todo ello fueran de tipo "material, social y político": el régimen democrático, la liga contra los persas (que favorecería el intercambio de costumbres diferentes), las circunstancias económicas y comerciales, entre otros factores, serían los determinantes de este “cambio de perspectiva”.


     Existe, pues, una distinta preocupación “temática”, pero la diferencia entre unos y otros es sobre todo de “actitud”. Para empezar, presentarse como “philósophos” (φιλόσοφος) es mucho más humilde, por cuanto estos son los que “tienden al saber”, mientras que los “sophistés” (σοφιστές) no parecen buscar el conocimiento, parecen “haberlo encontrado ya”, y lo muestran como algo tan útil, tan eficaz y tan necesario que lo venden muy caro a aquellos que lo puedan pagar. Los sofistas son esencialmente "maestros", que se van a oponer a la tradicional forma de criar e instruir a los niños que los griegos denominan “paideia” (παιδεία): una “formación integral del individuo”, próxima a lo que nosotros entenderíamos por educación general y que incluiría la gimnasia, la gramática, la retórica, la poesía, la música y las matemáticas. Los sofistas tratarán de enseñar una “educación verdadera” en un sentido más amplio, en tanto que “educación superior”. Se declaran sobre todo como “maestro de arethé” (ἀρετή), maestros de “virtud” (entendida como “excelencia”), enseñanza que acometen a partir de la diferenciación entre la “physis” (Φύσις) o “ley natural” y el “nomos” (νόμος) o “norma social, moral y política”, que no es natural sino “convencional” y que les llevará a actitudes marcadamente “relativistas”, cuando no abiertamente “escépticas”.

     Para un acercamiento más divertido a la filosofía de los sofistas, he seleccionado una interesante y divertida secuencia de la serie de televisión “Merlí” (Nova Veranda 2015) creada por el escritor y guionista Hector Lozano, donde el excéntrico profesor de filosofía Merlí Bergeron (Frances Orella) les explica a sus alumnos quiénes eran los sofistas. Y para un acercamiento también divertido a la Atenas democrática no está de más echar un vistazo al capítulo “El siglo de Pericles”, sexto episodio de la simpática “Érase una vez... el Hombre” (Profidis 1978), conocida serie de animación francesa creada para la televisión por Albert Barillé, en la cual podemos ver desfilar por la pantalla a un buen número de “personajes célebres” de la época, desde el mismísimo Pericles, padre de la democracia, a Protágoras y Gorgias o Sócrates, además de Fidias, Mirón, Sófocles, Aristófanes y Heródoto, que nos permitirán hacernos una idea más clara del modo de vida griego de aquel entonces, y del increíble momento de ebullición que vivía la ciudad en el siglo V a.n.e. 

martes, 5 de octubre de 2021

Un repaso a la filosofía presocrática

 

     Un último artículo de repaso a la filosofía de los “presocráticos” antes de aventurarnos en la Atenas de Pericles. Para un estudio más adecuado y estimulante de todos estos contenidos os recomiendo muy vivamente una visita al canal de YouTube de filosofía Unboxing philosophy, del filósofo Daniel Rosende, donde os encontraréis una excelente selección de vídeos de animación que resumen de forma muy acertada y amena el pensamiento de algunos de los autores que acabamos de estudiar, muchos de los cuales están presentes en la conocidísima pintura al fresco de Rafael Sanzio que lleva por título “La escuela de Atenas” (1512-1514), ubicada en una de las salas más hermosas de los Museos Vaticanos de Roma, en la que además de indicaros cuáles son los pensadores más relevantes, os ofrezco enlaces a Wikipedia de algunos de ellos para poder trabajarlos más a fondo.


1: Zenón de Citio o Zenón de Elea – 2: Epicuro – 3: Federico II Gonzaga
4: Boecio o Anaximandro o tal vez Empédocles – 5: Averroes – 6: Pitágoras
7: Alcibíades o probablemente Alejandro Magno – 8 : Antístenes o Jenofonte
9: Hipatia (pintada como Margherita o como el joven Francesco Maria della Rovere)
10: Esquines – 11: Parménides – 12: Sócrates – 13: Heráclito (como Miguel Ángel)
14: Aristocles (Platón) sosteniendo el libro “Timeo” (pintado como Leonardo da Vinci)
15: Aristóteles sosteniendo el libro “Ética a Nicómaco” – 16: Diógenes – 17: Plotino
18: Euclides o Arquímedes (como Bramante–19 : Estrabón o ¿Zoroastro?
20: Ptolomeo – 21: Protógenes – R: Apeles (autorretrato del propio Rafael)


     Una última recomendación: en los apuntes de vuestro profesor (que tenéis colgados en el equipo de Teams y próximamente estarán disponibles en esta bitácora) se incluyen algunos textos de los autores vistos en el aula. Aunque los examen que realizaremos en el futuro son "teóricos" (al menos "en teoría") conviene no limitarse únicamente a “memorizar” los apuntes y trabajar alguno de estos textos para adquirir conocimiento y habilidad práctica, para no simplemente “aprender filosofía”, sino para “hacer filosofía”, para poder “filosofar” en un sentido pleno. Para consultar más textos de los filósofos presocráticos os invito a conocer la página web de Torre de Babel, donde encontraréis abundante material sobre estos pensadores. Y para revisar el vocabulario específico de la época, nada mejor que darse un paseo por el Diccionario de Centeno, un colega de profesión y buen amigo que imparte clases en el IES Aramo de Oviedo.

domingo, 3 de octubre de 2021

Del arché único a los archái múltiples


     Nuestro artículo final sobre los filósofos "presocráticos" está dedicado a los llamados “pluralistas”, filósofos griegos del siglo V a.n.e. que residieron mayoritariamente en Atenas (si bien ninguno de ellos era natural de esta polis) y que desarrollaron una importante labor en el perfeccionamiento de los estudios sobre la “physis” (Φύσις). La característica común a todos ellos es que, puesto que ya no pueden obviar las “tesis lógicas” eleáticas acerca del “Ser“ propuestas por Parménides y sus seguidores, deberán de conjugarlas de algún modo con las ideas sobre el “fluir universal” del jonio Heráclito, motivo por el que se verán obligados a desarrollar nuevas explicaciones de tipo "pluralista" y no "monista", sustituyendo el “arché” (ἀρχή) por múltiples “archái” que den cuenta de la totalidad de lo real.

     A Empédocles de Agrigento (492 a 434 a.n.e.), que a pesar de su extracción aristocrática era partidario del régimen democrático, se le han atribuido dos obras muy distintas entre sí: “Sobre la naturaleza” (Περὶ φύσεως) y “Purificaciones” (Καθαρμοί), la primera de carácter físico-cosmológico, la segunda repleta de preceptos para poder purificar el alma y alcanzar la salvación. Nuestro autor conocía la obra de Parménides y la seguía en ciertos aspectos (por ejemplo, escribía en verso). Consideraba, como el eléata, que “nada surge de la nada, ni nada termina en nada sino que solo existe la mezcla e intercambio de elementos”. La novedad que introduce es que el principio de donde se origina todo ya no es único, sino cuádrupe: "tierra, aire, agua, fuego". Antes de formarse el universo, estas sustancias estaban mezcladas de forma indiferenciada en lo que Empédocles denomina “Esfero” (σφαιρος) pero, por algún motivo inespecífico, éste se rompe, y a partir de ahí comienzan una serie de transformaciones cíclicas que se dan por la intervención de dos fuerzas externas: “Amistad” (φιλότες) y “Discordia” (νεîκóς).

     Excepto por su pluralidad, movimiento y posibilidad de interrelación y mezcla, estos cuatro “archai” tienen las mismas características que el “Ser” de Parménides: son ingénitos e imperecederos y entre ellos no cabe la posibilidad de vacío. Empédocles los llama “raíces” (ριτσώματα, literalmente "rizomas") si bien Aristóteles más tarde los denominará “elementos”: componentes primarios de las cosas cuya principal característica es que se pueden mezclar en distintas proporciones sin sufrir ninguna alteración cualitativa, pues conservan su “êthos” (ἦθος), carácter o modo de ser propio, ya que “son inmutables a lo largo del ciclo”. Pero si quería escapar de la quietud de Parménides, nuestro autor tenía que postular la existencia de dos fuerzas independientes y exteriores a los elementos: la “Amistad”, que une (tiende a la armonía y a la estabilidad), y la “Discordia”, que separa (tiende a la movilidad y a la dispersión). Estas dos fuerzas serían opuestas, como los “contrarios” de Heráclito, y estarían siempre presentes, pues son eternas, como los propios elementos, aunque no siempre activas, ya que en diversas fases una quedará inactiva y relegada al exterior mientras la otra imperará en todo el “Esfero”.

     Anaxágoras de Clazomene (500 a 428 a.n.e.) es jonio y piensa como tal, por eso pretende encontrar un “arché” material. Pero, como Empédocles, ya no puede olvidar las tesis eleáticas sobre la inexistencia del vacío. Acepta que “ninguna cosa nace ni perece, sino que a partir de las cosas que existen, hay combinación y separación”. Se pregunta el autor: “¿cómo si comemos pan, legumbres o verdura, de ellos se van a producir huesos, carne o pelo?”. Para responder a esto hará uso del esquema operatorio de la nutrición aplicada a la “physis” y terminará postulando el principio de que “en todo hay una porción de todo”. La materia no estaría formada por un único principio, sino que contendría infinitas “khremata” (χρεματα, que se puede traducir de manera genérica e imprecisa por “cosas”). Pero si todas las cosas están en todas las cosas, “¿cómo es que las cosas son diferentes entre sí?”. Anaxágoras habla entonces de “spérmata” (σπερματα), “semillas” que se diferenciarían entre si por las proporciones y por el predominio de alguna de ellas en cada una de las cosas compuestas.

     Es posible que los términos “khremata” y “spérmata” hagan referencia a lo mismo, solo que el primero se referiría a la pluralidad de lo que hay, mientras el segundo se usaría con relación al futuro de los compuestos. Pero no está muy claro, tanto es así que el propio Aristóteles, para explicarlo, utilizó un término que confunde más si cabe el asusto: “homeomerías” (ὁμοιομέρεια), “sustancias cuyas partes son semejantes entre sí y con respecto al todo”. Pero la verdadera innovación de Anaxágoras es la introducción del “noûs” (νοûς), una nueva dimensión, distinta de la “physis”, que posteriormente dará muchos frutos filosóficos. Se suele traducir por “intelecto” o “mente”, y tendría dos funciones: una motora y otra ordenadora. Este ser infinito, inteligente, sin límites, que “existe siempre”, no estaría mezclado con nada, movería el “migma” o “mezcla originaria”, provocando un "torbellino" a partir del cual se iría ordenando todo el universo y se irían formando todas las cosas, pero una vez introducido este primer movimiento ya no volvería a intervenir más en el mundo (esta última afirmación, por cierto, se la reprochará Platón en su obra “Fedón“).

     Demócrito de Abdera (460 a 360 a.n.e.) no puede ser considerado propiamente como un filósofo “presocrático”, no solo por ser contemporáneo de Sócrates (al que sobrevive, pues llegaría a ser muy longevo), sino sobre todo por su saber enciclopédico: sabemos que escribió  en torno a 60 tratados de temas tan dispares como ética, física, matemáticas, filología, técnica... Si Parménides había afirmado que “el Ser era uno”, eterno, llevo, indivisible e inmóvil, los partidarios de la “escuela atomista” advirtieron que esto podía conciliarse con la pluralidad y el movimiento fenoménico con solo hacer añicos el “Ser” y admitir el "vacío". “En realidad hay solo átomos y vacío”: si Parménides daba consistencia al “Ser”, Demócrito intentará dársela al “no-Ser”, y lo hará dialécticamente. El “vacío” (vacīvus), simplemente "lo que no es nada" (“no-a-tomos”), hasta ahora considerada una idea inconcebible y negada por todos los materialistas, es una realidad no corpórea cuyo ser consiste en ser "cortado" o "recorrido", y por tanto será aquello que posibilite el movimiento de los átomos.

     La palabra “átomos” (ἄτομο , literalmente “sin partes” o “sin división”, esto es, "que no se puede cortar") es un tecnicismo introducido por Leucipo de Mileto (maestro directo de Demócrito): se trata de elementos cualitativamente iguales, compactos, plenos, continuos, sin vacío interior y, por tanto, impenetrables e indivisibles, que nunca sufren cambios en su seno y son por ello eternos. En cuanto a su aspecto exterior, tienen diferentes tamaños, figuras o formas: unos son redondos y lisos (como los del fuego o los del alma), otros cóncavos, otros ganchudos o puntiagudos, pero todos ellos son imperceptibles. Conectándose unos con otros irán formando los “compuestos”: la figura y el tamaño no cambian, pero sí el orden y la posición. El movimiento de los átomos es “eterno”, aunque “desordenado”, ya que en un principio estarían situados en un “espacio” o “jóra” (χώρος) isótropo e infinito. Moviéndose en este espacio “chocan azarosamente entre sí” y algunos, debido a sus variadas formas, se entrelazan, surgiendo de este modo un "torbellino" que daría lugar a los diferentes componentes y a los infinitos mundos.

     Todo ocurre por una “razón mecánica”, pues cada movimiento atómico depende de los movimientos precedentes. La “sensación” no es más que la alteración que sufren los átomos del alma al ser impactados por los “efluvios atómicos” que provienen de los “cuerpos externos”. Si queremos saber en realidad qué son las sensaciones, debemos reducirlas a “átomos y vacío”. Ahora ya tenemos un “nómos” (νόμος) que se opone a una realidad física, algo que no era propio de los presocráticos, pero que de ahora en adelante va a ser muy común en el ámbito filosófico, como veremos. Para consultar algunos de los "fragmentos" y "testimonios" sobre estos autores, os enlazo a la dirección de la red de distribución de contenidos CDN, para revisar la compilación de textos realizada por Eugenio Molera, donde encontraréis abundante material sobre los pensadores que acabamos de trabajar.

viernes, 1 de octubre de 2021

Parménides y la pastilla roja

     El filósofo griego Parménides (515 a 440 a.n.e.) nace en la ciudad de Elea, colonia griega del sur de la Magna Grecia (la actual Italia), donde llega a fundar una escuela y a tener importantes seguidores como Zenón de Elea y Meliso de Samos, y representa una línea de pensamiento novedosa respecto de los anteriores “físicos” jonios. Esta nueva perspectiva puede apreciarse tanto en su “actitud política” (pues participa activamente en el gobierno de su ciudad, llegando incluso a establecer leyes nuevas para sus compatriotas) como en su “teoría ontológica”, que redacta en verso (concretamente en hexámetros, recuperando así la tradición de Homero y Hesíodo). De hecho, solo conservamos de él un “poema” de carácter “épico didáctico” conocido como “Sobre la naturaleza” (περὶ φύσεως), de tono enigmático y carácter mistérico (referido a los “misterios órficos”, por los que el autor entra en contacto con una diosa que le revela una “verdad”). El poema está dividido en tres partes: un “proemio”, una primera parte o “vía del ser o de la verdad”, y una segunda parte o “vía del no-ser o de la apariencia”. He aquí parte del poema (que podéis ver completo en el vídeo que sigue a continuación):

                                    "Pues bien, yo diré, guarda tú la palabra después
                                    de haberla oído,
                                    cuales son las únicas vías de investigación
                                    pensables:
                                    la una es que es y no es no ser
                                    es la vía de la Persuasión –pues sigue a la verdad–
                                    la otra es que no es y es por necesidad no ser, te
                                    digo que esta es una vía impracticable:
                                    pues no conocerías lo no ente –ya que no es
                                    posible ni lo expresarías.
                                    […] pues es lo mismo pensar que ser".

Parménides de Elea, "Sobre la naturaleza" (Apeiron, Madrid, 2015)

     Parménides muestra una falsa disyunción, un camino u otro, pero como el segundo no puede ser, sólo nos queda un camino: el que “es”. ¿Y qué “es”? Se trata de un problema lingüístico. “Ser” tiene dos funciones muy claras: una “función verbal”, como verbo copulativo, y una “función nominal o existencial”, en la que funciona como sujeto. Lo que nos revela el poema es que el verbo “ser” puede usarse en forma nominal, cosa que no se había hecho hasta entonces. Ahora ya podemos responder a la pregunta “¿qué es?”: “el ser es”. Pero las consecuencias no serán solo lingüísticas, sino lógicas, epistemológicas y, sobre todo, ontológicas. La revelación que la diosa hace a Parménides es una "tautología": “el ser es y el no-ser no es”. De este primer principio podemos partir para deducir todo lo demás: “lo que cabe concebir y lo que cabe que sea son la misma cosa”. Lo que “no es real” (“lógico”) ni siquiera “puede ser pensado”, pues todo pensamiento es “de algo”.

     La revelación resulta aparentemente inocente, pero desde el momento en que decimos que algo “es”, ya no podemos decir que fue o que será, porque eso sería tanto como decir que “no es”: “el ser y el no-ser son absolutos”. Y las consecuencias lógicas y ontológicas de este supuesto son terribles: “el devenir es imposible”. Si suponemos que “las cosas devienen”, estamos suponiendo que “todavía no son”, y que por tanto, “llegarán a ser desde el no-ser”, lo cual es imposible: el camino del ser y del verdadero pensamiento es el mismo, el otro camino es el de las “apariencias”, el de los sentidos, el del no-ser. Parménides niega a Heráclito, que mantenía la contradicción (los opuestos), por considerar su pensamiento totalmente ilógico (un error que se debe a su inoportuna confianza en los sentidos): la idea del “fluir constante” es insostenible lógicamente, porque considerar que una cosa cambia es considerar que llega a ser lo que no es. “El movimiento es imposible”, por más que lo apreciemos por nuestros sentidos. Un ejemplo de lo que decimos lo tenemos en este vídeo, en el que se expresan las conclusiones aportadas por el más destacado discípulo parmenídeo, Zenón, en sus famosas “paradojas contra el movimiento”.

     Después de que el iniciado ha sido partícipe de la revelación de la diosa, pide “signos” o "señales”, pues se nos ha dicho que “el ser es”, pero no “cómo es”. Sus atributos habrán de deducirse lógicamente de la tautología inicial: es “uno” (no hay pluralidad, pues entre un ser y otro habría no-ser, lo cual es tan ilusorio como imposible), es “eterno” (inengendrado e imperecedero), es “continuo” e “indivisible” (al contrario de lo que nos indican nuestros sentidos), es “homogéneo” (carece de grados, y no hay más ser aquí que allí), es “inmóvil” (pues no existe el vacío y no existe lugar al que moverse) y curiosamente es “finito” y “limitado” (pues el ser es “perfecto”, es decir, “acabado”). Y frente al ser, del no-ser solo se puede decir que no es (una nueva tautología). De hecho, la única manera de llegar a la vía del no-ser, que es una vía impracticable, es "dialécticamente": negándola.

     Un ejemplo muy interesante de la forma de entender la realidad según Parménides la encontramos en la película “The Matrix” (Warner Bros 1999), en la que los entonces hermanos Larry y Andy Wachowski (ahora hermanas Lana y Lilly Wachowski) recrean el famoso poema del autor griego con una fidelidad increíble: llegados a una puerta, nos recibe una diosa, que en este caso es un varón, Morfeo (Laurence Fishburne) que nos interroga por los motivos de nuestra búsqueda (no hemos venido aquí traídos por el “destino”, sino porque nosotros lo hemos querido) y nos muestra los dos caminos de conocimiento posibles (la "vía de la opinión", de la creencia, frente a la "vía de la verdad", del saber, del verdadero conocimiento) y nos invita a tomar una decisión: ¿elegiremos la “pastilla azul” o la “pastilla roja”? No es la única escena significativa de la película, como podemos ver en la secuencia del "constructor", cuando Neo (Keanu Reeves) descubre el engaño y se pregunta: “¿qué es real?”. De nuevo Parménides (anticipando el pensamiento de Platón) afirma: "es lo mismo pensar que ser", lo real es lo que puedo “pensar” (νοειν), que no es tanto pensar como “ver”, “percatarse de algo” (aquello que mi cerebro "interpreta", porque lo "conoce", lo "construye").